Vicente Feliciano

Tribuna invitada

Por Vicente Feliciano
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Impuestos en arroz y habichuelas

La complejidad de la legislación contributiva federal recién aprobada intimida. Sin embargo, los lineamientos generales son manejables y nos permiten ver cómo se impacta la isla. En Puerto Rico las corporaciones regulares pagan 39% en impuestos sobre ingresos más 15% cuando pagan dividendos. Pero la manufactura (Ley 73) y la exportación de servicios (Ley 20) pagan mucho menos.

La legislación federal fue principalmente una reducción en contribuciones corporativas. Por un lado, la tasa de contribución en los EE.UU. se redujo de 35% a 21%. Por lo tanto, cuando Mega-Tienda X pondere su próxima inversión, puede ir a la Florida y pagar 21% o ir a Puerto Rico y pagar 39% en impuestos sobre ingresos más 15% al enviar los dividendos desde Puerto Rico a la matriz.

Por otro lado, se alteró el sistema de contribuciones corporativas federales de uno global a uno territorial. Previo a la legislación, las corporaciones en los EE.UU. pagaban por las ganancias que generaban alrededor del mundo, aunque solo si repatriaban las ganancias a los EE.UU. Por lo tanto, las empresas a menudo preferían no repatriar sus ganancias y, como resultado, no pagarle nada al gobierno federal de sus ganancias generadas en el exterior. Con la nueva legislación, las corporaciones en los EE.UU. solo pagan impuestos sobre las ganancias que generan en los EE.UU. Las ganancias que generan en el exterior las pueden repatriar libre de impuestos.

Supongamos que la Farmacéutica Acme manufactura productos genéricos y paga al gobierno de Puerto Rico 10% entre todos los impuestos (impuesto sobre ingresos, impuesto sobre regalías, arbitrio a las ventas intra-corporativas / Ley 154). Anteriormente, la empresa pagaba 10% en Puerto Rico y si repatriaba las ganancias pagaba 35% en los EE.UU. menos un crédito por lo pagado en Puerto Rico. La nueva legislación federal cambió el sistema. Ahora, pagan 10% en Puerto Rico y 0% al repatriar la ganancia.

Donde la legislación se vuelve compleja es en el tratamiento de las patentes, programas de software, derechos de marca y otros intangibles. Para evitar que las empresas reportaran en jurisdicciones de bajos impuestos lo que realmente son ingresos de los EE.UU., la legislación impuso un impuesto aparte sobre las ganancias que generan los intangibles en cualquier parte del mundo. Si el intangible está en los EE.UU. dicho impuesto es 13%. Si el intangible está fuera de los EE.UU. es 10.5% menos ciertos créditos por pagos realizados en jurisdicciones del exterior.

Volvamos a Mega-Tienda X. Si la matriz le cobra regalías por el uso del nombre a la operación de Puerto Rico, reduce su responsabilidad contributiva en la Isla y solo paga 13% en los EE.UU. Es cuestionable cuánto tiempo pueda seguir Puerto Rico con las altas tasas corporativas que tiene ahora mismo porque impactan negativamente la creación de empleo y las empresas norteamericanas tienen un gran incentivo para evitar el pago.

Volvamos a la Farmacéutica Acme y supongamos que manufactura medicamentos patentizados. Las contribuciones totales entre lo pagado al Departamento de Hacienda en Puerto Rico y al Servicio de Rentas Internas en los EE.UU. serían cerca del 12% contra 13% si la patente estuviera en los EE.UU.

Por décadas, la política industrial de Puerto Rico se ha basado en incentivos contributivos. Con la nueva ley federal, la diferencia en impuestos dejó de ser un factor determinante. Transferir una patente de vuelta a los EE.UU. es un asunto de apretar teclas y mover papeles. Farmacéutica Acme seguirá manufacturando en la isla solo si su costo de operación y su productividad excede la alternativa de producir en los EE.UU.

Para Puerto Rico, el juego se ha vuelto más retante.

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