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Inacción y crisis de salud mental

El tema de la salud mental no es bien comprendido por la mayoría de la ciudadanía. El estigma social, la ignorancia e indiferencia impiden que los líderes asimilen la magnitud de la crisis y le asignen la prioridad y los recursos que requiere.

Se hace énfasis en una política reactiva en lugar de hacer una preventiva. Genera más noticia aumentar el número de policías que aumentar el de psicólogos y trabajadores sociales. La Ley de Salud Mental de Puerto Rico establece: “Velar por la salud mental de nuestro Pueblo es y debe ser un asunto de entero interés para el Gobierno de Puerto Rico. La salud mental es elemento matriz de la sana convivencia y de una buena calidad de vida”.

Estudios realizados indican que más de la mitad de la población tiene alguna situación que afecta su salud mental. Es decir, más de dos millones de personas necesitan servicios en este renglón. No cabe duda de que la falta de salud mental es uno de los principales problemas de Puerto Rico. Constituye la raíz de los problemas sociales que han destruido su calidad de vida.

Aunque en la mayoría de los casos se trata de problemas emocionales padecidos por la clase pobre del País, la falta de salud mental permea todos los estratos sociales e instituciones. Diariamente nos confrontamos con las consecuencias de esta tragedia: asesinatos, suicidios, abusos, maltratos, drogadicción, pedofilia y corrupción.

La falta de salud mental lleva a la violencia doméstica y al maltrato de menores y personas de edad avanzada. Cada 15 días una mujer es asesinada por su pareja y diariamente se reporta un promedio de 53 casos de violencia doméstica.

El maltrato de menores afecta adversamente el potencial de nuestras generaciones futuras. La mayoría de los casos no se conocen debido a que son cometidos por personas con autoridad sobre las víctimas. El Departamento de la Familia recibe anualmente el referido de unos 35,000 casos de querellas y tiene a 6,600 niños, niñas y adolescentes bajo su custodia por razones de maltrato y negligencia. Las Naciones Unidas señalan que ninguna forma de violencia contra niños, niñas y adolescentes es justificable y toda violencia es prevenible.

La educación puede fomentar la salud mental. La educación basada en la preparación para la vida puede crear en las escuelas entornos psicosociales sanos. Está demostrado que estos, a su vez, aumentan el bienestar psicosocial y emocional de los estudiantes.

En Australia el Gatehouse Project desarrolla una estrategia que fomenta la salud mental a través de las escuelas.

La salud mental requiere que se adopte un concepto integral de la salud en la que se atiendan en forma simultánea los aspectos médicos, psicológicos, sociales y otros.

Un ejemplo de un programa eficaz es el de Noruega. El gobierno estableció en 1998 un Programa Nacional de Salud Mental enfocado en la prevención, el tratamiento y el cuidado. La perspectiva es la del paciente. El programa concientiza a la ciudadanía sobre la salud mental; expande servicios especializados para niños y adolescentes; fortalece los servicios comunitarios; y estimula la educación e investigación. El programa Sangath en Goa, India, demuestra la viabilidad de adiestrar integrantes de la comunidad local para identificar casos de enfermedades mentales y proveer tratamiento.

En Puerto Rico existen investigaciones y estudios académicos valiosos al igual que iniciativas privadas aisladas que han hecho contribuciones eficaces.

Pero el gobierno tiene que asumir un rol protagónico con un Plan Nacional de Salud Mental que evalúe y adapte modelos exitosos de otros países, e integre los recursos de agencias como el Departamento de Salud, el Departamento de la Familia, el Departamento de Educación, la Administración de Corrección y Rehabilitación y de las universidades del País.

El recurso humano es el principal activo de Puerto Rico y no puede continuar comprometiendo la salud mental de las nuevas generaciones.

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