Edgar Rodríguez Ríos

Punto de Vista

Por Edgar Rodríguez Ríos
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Incierto golpe fiscal del COVID-19 en los gobiernos

La pandemia del COVID-19 está transformando la situación económica mundial, pero está por verse sus efectos fiscales en los gobiernos.

El pasado enero de 2020 el Instituto de Finanzas Internacionales informó que la deuda global alcanzó los 252.6 trillones de dólares, lo que representa un 322% del Producto Interno Bruto (PIB).     De esto, la deuda corporativa no financiera representa el 29.4%, la deuda pública el 27.4, la deuda financiera el 24.3% y la deuda de los hogares el 18.8%.  Esto refleja los niveles de deuda más altos en la historia, tanto en términos globales como para cada uno de sus componentes.

Bajo este contexto es que el mundo está enfrentando la crisis del coronavirus.  Una crisis que obliga a una parte significativa del sector privado a cerrar y a las personas a quedarse en sus casas, a no trabajar ni a generar ingresos.  

A la misma vez, son los gobiernos los que tendrán que aprobar diversos paquetes de ayuda para, entre otras cosas, potenciar el sistema de salud, desembolsar los beneficios para la creciente cantidad de personas desempleadas y en situación de pobreza y para disminuir el efecto de la crisis sobre las empresas medianas y pequeñas.  

Lo que intento establecer es que la crisis del coronavirus llegó en un momento donde muchos gobiernos tienen excesivos niveles de deuda, pero que tendrán que incrementarla para aumentar dramáticamente el gasto público al mismo tiempo que los ingresos contributivos se contraen debido al estancamiento de la demanda interna y externa.  

La pérdida de ingresos de las familias probablemente llevará a sus miembros a tomar prestado para cubrir los gastos recurrentes.  Además, las empresas, obligadas a cerrar o a asumir costos sin poder generar ingresos suficientes, tendrían que optar por aumentar su endeudamiento.  No es difícil predecir el efecto que tendrá esta situación sobre la deuda de los gobiernos, las empresas y las familias.

Un aumento en la deuda publica en países ya altamente endeudados podría tener efectos devastadores sobre sus economías, especialmente debido a que no se espera que la demanda interna y externa se recupere rápidamente. 

¿Cuál será la situación de los gobiernos luego de haber enfrentado una profunda crisis por tanto tiempo? ¿Cómo se transformará su participación en la economía? ¿Habrá más o menos austeridad fiscal? ¿Habrá cambios en sus estructuras contributivas? Por el momento, las respuestas son inciertas.


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