Jaime Lluch

Tribuna Invitada

Por Jaime Lluch
💬 0

Independencia en la mesa de negociación

En Puerto Rico, se ha votado desde el 1967 en cinco ocasiones para decidir el futuro político de este pueblo.  El Congreso de Estados Unidos nunca ha avalado un plebiscito vinculante en Puerto Rico, pero de hecho el gobierno federal constantemente ha dicho que los puertorriqueños voten y decidan su futuro y una vez decidan eso, vayan a hablar con el Congreso.  En Quebec se ha votado en dos ocasiones para decidir su futuro político (1980 y 1995), en Escocia en una ocasión (2014), y en el Kurdistán en Iraq se votó el mes pasado.  Han habido más de 200 referéndums “etno-nacionales” en el último siglo (Qvortrup 2014).

Imagínese usted si el gobierno de Estados Unidos hubiera dicho que en Puerto Rico no se puede votar para decidir su futuro político, o hubiera dicho que en todo caso, si fueran a votar, tendrían que votar los 324 millones de estadounidenses además de los puertorriqueños para decidir el futuro político de los puertorriqueños. Absurdo.

Ahora, imagínese que ante esta dictatorial negativa del estado central, los puertorriqueños hubieran insistido en su derecho a decidir y hubieran intentado organizar un referéndum de forma democrática, cívica, y pacífica.  O sea, simplemente votar.  Imagínese si entonces el gobierno federal hubiera enviado más de 10,000 policías el día del voto para usar la violencia para impedir el voto, y hubieran pateado, maltratado y golpeado a ciudadanos meramente por intentar ejercer su derecho al voto, incluyendo golpear a mujeres y ancianas, resultando en un saldo de 800 heridos.  Imagínese que el ayudante del presidente de Estados Unidos entonces le hubiera advertido al gobernador que tenga cuidado que pudiera terminar fusilado.

Esto es lo que está sucediendo en España hoy en día, y lo que sucedió el pasado 1ro de octubre cuando intentaron votar en Catalunya para decidir su futuro político.  De hecho, el 9 de octubre Pablo Casado, vicesecretario del gobernante Partido Popular le advirtió a Carles Puigdemont, presidente del gobierno catalán, que tenga cuidado que no acabe como Lluis Companys, el expresidente catalán que fue torturado y asesinado por la dictadura franquista en 1940.

No hay espacio aquí para entrar en todos los vericuetos de la jurisprudencia española sobre este asunto, pero según un informe publicado en el 2013, hay por lo menos cinco maneras bajo la actual Constitución del 1978 que se podría llevar a cabo un referéndum constitucionalmente aceptable en Catalunya, si el gobierno español tuviera la voluntad política de permitirlo. 

En realidad este conflicto poco tiene que ver con el derecho constitucional y es más bien sobre dos visiones de lo que es España: una visión es la del centralismo jacobino de Mariano Rajoy, que ve a España como una Nación-Estado siguiendo el modelo francés, donde existe una única nación.  La otra visión es la del catalanismo político pos-Pujol y sobre todo pos-2010, que ve al estado español como un estado plurinacional o lo que Juan Linz llamaría un Estado-Naciones.  La segunda visión, al verse frustrada por la hegemonía de la primera visión en las esferas del poder en España, ha optado por ejercer el derecho a decidir su propio futuro político ante el estado español. 

La estrategia de represión de Mariano Rajoy va a ahondar el problema y acercarnos a un abismo de incomprensión.   Había y existe otra manera de gestionar el deseo de naciones sin estado de expresarse sobre su futuro.  Está el ejemplo de Reino Unido con Escocia en 2014 y Canadá con Québec en 1980 y 1995 y hasta el día de hoy. Nada en el constitucionalismo británico permitía que Escocia votara en su referéndum de auto-determinación en Septiembre 18, 2014, pero David Cameron optó por negociar y permitir que el gobierno del SNP de Alex Salmond pudiera ejercer su derecho a decidir y de manera vinculante.   Como dijo Cameron el día después del referéndum: “Pudimos haber intentado bloquear el referéndum, pero los asuntos importantes hay que enfrentarlos de frente.  Soy un creyente pasional en el Reino Unido, y siempre quiero que continúe, pero también soy un demócrata, y teníamos que respetar la mayoría del pueblo escocés, que quería tener su oportunidad de expresarse.”  El Tribunal Constitucional de Canadá en su famosa decisión Reference Re Secession of Quebec (1998), declaró que la nación sin estado del Québec tiene el derecho a votar para decidir su futuro, aunque en el caso de que la opción de independencia ganase un referéndum, eso sólo le da el derecho a negociar con Canadá sobre las condiciones de tal secesión, y no a una declaración unilateral de independencia.

Con un 42% de participación el 1ro de octubre, ganó el SÍ por una goleada. No favorezco una Declaración Unilateral de Independencia.  Me parece que sería un error.  En estos momentos el gobierno catalán debe de afirmar su deseo de dialogar y buscar una salida negociada.   Eso es lo que hizo el presidente Puigdemont el 10 de octubre al no declarar la independencia unilateralmente.  Es difícil e inquietante el reto que encara el gobierno español, pero deben de sentarse en la mesa de negociación. Eso es lo que hicieron en su momento los primeros ministros de Canadá Jean Chrétien y Brian Mulroney, y el primer ministro británico David Cameron.  Esperemos que Mariano Rajoy esté a la altura de los tiempos.  Hasta ahora, seis años de Rajoy han servido para hacer crecer el independentismo más que 130 años de catalanismo político.  Como dijo el gran Jordi Savall: “En España, nos respondieron amenazándonos con arrojarnos a la cárcel y luego arrojarnos a la policía. La única posibilidad que tenemos es decir, ya que no podemos dialogar, tomamos el camino más difícil, aunque no sea el que hubiéramos deseado tomar.”

Otras columnas de Jaime Lluch

viernes, 3 de agosto de 2018

Legitimidad y legalidad

El catedrático Jaime Lluch declara que es importante conocer mejor la variación interna dentro del nacionalismo sub-estatal, qué causa tal variación, y cómo evolucionan a través del tiempo tales orientaciones políticas

viernes, 6 de julio de 2018

Acaparando sueños

El profesor Jaime Lluch plantea la dificultad de movilidad social en los EE.UU. debido a la existencia de una meritocracia hereditaria que beneficia con creces a la clase media alta estadounidense.

💬Ver 0 comentarios