Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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Indescriptible

El pasado miércoles, a escasas 48 horas del viernes negro que marcaba el inicio de septiembre, este periódico publicó una especie de “listita de Reyes”, producida por los alcaldes el día anterior, mientras se hallaban reunidos en lo que pomposamente llamaron Cumbre Municipal 2017. Lo de poner el año es porque a lo mejor esperan que haya otra cumbre en 2018. Son optimistas, eso nadie lo dude.

El único que mostró un poco de raciocinio en el cónclave fue el alcalde de Bayamón, Ramón Luis Rivera Cruz, quien advirtió que “no podemos descartar nada, porque peor es que venga el sopetazo grande y no estemos preparados”.

Sin embargo, para poner ese punto de insensatez que siempre le da sabor a una reunión de alcaldes, estuvo el primer ejecutivo de Maunabo, que soltó perlas como la siguiente: “Podrá haber consolidación de servicios mediante consorcios, pero no el junte de municipios”.

No, claro que no: juntarse, ni muertos. Si se juntan dos o tres alcaldías habría problemas para repartir el bizcocho y decidir a quién benefician con contratos, o la clase de obra que piensan emprender (si canchas, si estatuas, si caminitos iridiscentes), casi siempre algún invento inútil, ideado para sacar dinero de la lata y repartirlo entre ellos y los contratistas.

En medio de la hecatombe, como si no pasara nada, los alcaldes exigen legislación para que “el Estado acredite lo que le debe a los municipios en las deudas que estos tienen con el gobierno”. Lo que se traduce en: no te pago (ni el agua) porque tú me debes.

No se han enterado de que aquí todos les debemos a todos. Y el país entero a unos bonistas que sacan las garras como sables. El informe de acreedores, dado a conocer por el gobierno el jueves, es un caos como de 15,000 páginas, que un experto definió como “indescriptible”.

Y en medio de eso, los alcaldes le piden a Rivera Schatz que “eleve la autonomía municipal a rango constitucional”. Siendo así, nadie podría cuestionar las decisiones de sus majestades, reyezuelos de sus pueblos, ya que la Constitución estaría legitimando su libertad de hacer, de deshacer y gastar lo que les venga en gana.

¿No sería más práctico que se declararan por decreto líderes de pequeñas repúblicas? Eso no lo ha pensado nadie. Les estoy dando ideas. Un atolón de la región de la Micronesia, llamado Naurú, mucho más pequeño que Arecibo o Maunabo, es independiente y tiene su bandera y su himno. Por no mencionar el caso de un demente que compró una plataforma de hormigón, en aguas internacionales, cerca de Inglaterra, y la convirtió en el Principado de Sealand, territorio soberano con bandera, himno, sellos de correo y hasta moneda propia para intercambiar por pescado. Los ciudadanos del Principado siguen viajando con pasaporte inglés porque ninguna otra nación los reconoce. Pero es tan solo un pequeño inconveniente comparado con la alegría de ser príncipe en su propia tierra. Ahí tienen los alcaldes buenos ejemplos para que los valoren.

No obstante, el más enternecedor de los proyectos paridos por la Cumbre Municipal fue la exigencia para que se haga realidad el proyecto del Senado 535, que autorizaría a los municipios a recibir préstamos de las cooperativas. Pobres cooperativas. Pobres cooperativistas. ¿Con qué piensan pagar los alcaldes esos préstamos? Sobre todo sabiendo que, tan pronto se vean con dinero en las manos, se apresurarán a engrosar las filas de asesores, arrimados políticos y vividores de toda calaña en sus respectivos municipios.

Estas peticiones están en franca contradicción con el sopetazo que augura Ramón Luis Rivera Cruz quien, como ya dije, fue pragmático en sus planteamientos. Pero a la mayoría de los alcaldes, tales minucias les traen sin cuidado. Como les traen sin cuidado el nivel de autoridad que representa la Junta de Control Fiscal; la existencia de un proceso abarcador en el tribunal de quiebras y, por último, pero no menos importante, el empuje de asociaciones de bonistas y aseguradoras que deben haberse quedado con la boca abierta por lo de la Cumbre, confirmando que el país es un manicomio en llamas.

El gobernador, mientras tanto, demuestra su capacidad de difuminar las decisiones “inapelables” que toma. Tiene talento para eso. Primero dijo que no permitiría ni la reducción de la jornada laboral ni la eliminación del bono de Navidad. Ahora sugiere que valoraría ambas medidas si la situación se pone tétrica. ¿Qué quiere decir tétrica? ¿Más tétrica?

Por último, hay algo que quiero remarcar con motivo de la marcha convocada el miércoles pasado por el movimiento obrero, y luego de la cual salió a relucir el poder de convocatoria de los dirigentes sindicales.

Movilizar a la clase obrera en un país donde la tasa de participación laboral malamente raspa el 40 por ciento, es una ardua tarea que requiere de mucha formación y trayectoria política. No es que los dirigentes sindicales sean del todo ineficaces, es que el movimiento obrero es esmirriado, está dividido y las propias uniones jamás han inculcado una conciencia de sacrificio y lucha. Más bien lo contrario. De pachanga, días libres y beneficios a borbotones.

Durante décadas, los sindicalistas han entrado en contubernios con los partidos en el poder y hasta con políticos execrables. Eso ha ido minando su percepción de la realidad. De modo que el movimiento obrero está muy fragmentado, no es compacto ni consecuente. Y además, la otra “masa obrera”, la que hace chivitos y opera bajo el radar de Hacienda, para allá no mira. Esos obreros de la “informalidad”, cuando hay marchas se quedan trabajando, que los he visto yo, metidos en sus talleres o pateando la calle para buscar oficio. Aquí, supongo, hay estudiosos del perfil laboral y la sociología del trabajo; de la mentalidad del obrero o el empleado, tanto en el sector público como el privado, y esos análisis deben tomarse en cuenta. Ese debe ser el punto de partida de cualquier estrategia, si es que ya no se hizo tarde.

En la marcha del jueves en la Muñoz Rivera (hubo dos sucesivas), una oradora prometía que la Milla de Oro en lo adelante se convertiría en campo de batalla. Agregó que allí se concentraba toda la riqueza que pronto pasaría a manos del pueblo. Sus palabras me dieron la impresión de que las bóvedas estaban llenas de lingotes relucientes y montañas de billetes. Luego me acordé de que “la riqueza” viaja por el ciberespacio. De que a los bancos les ponen tormenteras. De que estamos en temporada de huracanes. De que hay calor. De que salieron 15,000 páginas con nombres de acreedores.

Y de que mañana es día de fiesta. Otro. En la playa vacilando rico. Indescriptible.

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