Carlos Planelles

Punto de vista

Por Carlos Planelles
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Infraestructuras resilientes para enfrentar desastres naturales

Ninguna comunidad del mundo puede comprender mejor que Puerto Rico lo importante que es construir infraestructuras resilientes. En todo el mundo hay proyectos que han sido capaces de resistir las amenazas del cambio climático y los terremotos. De estos proyectos se extraen lecciones que son oportunidades para Puerto Rico.

Como ingenieros y constructores, no podemos cambiar el clima; no podemos cerrar las profundas fallas que existen bajo la superficie de la tierra.  Pero sí podemos construir infraestructuras más resistentes a las catástrofes naturales, tal como las Naciones Unidas nos pide en sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Es una tarea urgente porque, como Puerto Rico ya sabe, los desastres solo van a peor.

Como grupo mundial de infraestructuras comprometido con la sostenibilidad, en ACCIONA hemos sido testigos directos de los daños causados por las catástrofes naturales, y hemos comenzado a aplicar nuevas técnicas de construcción y materiales más resistentes para ofrecer infraestructuras a prueba de fenómenos climatológicos extremos.

En países propensos a terremotos, durante mucho tiempo la construcción con acero reforzado ha sido la norma. Pero en México, donde ACCIONA estaba construyendo la estación depuradora de aguas residuales más grande del mundo en Atotonilco, cerca de Ciudad de México, no podíamos correr ningún riesgo. Los gigantescos depósitos del digestor de aguas residuales, de 30 metros de altura cada uno, fueron reforzados con tendones de acero verticales y horizontales, una doble seguridad contra terremotos. De esta manera se comprime la estructura, haciéndola mucho más resistente.

Para los edificios ubicados en zonas con riesgo de terremotos, los ingenieros sísmicos han encontrado una solución que emula los amortiguadores de un automóvil. En lugar de hormigón, los cimientos están construidos sobre pilares de caucho reforzado, que absorben los movimientos horizontales de un terremoto y, al mismo tiempo, aíslan el edificio. En Chile, ACCIONA ha construido un hospital pediátrico capaz de resistir un terremoto de magnitud 10 en la escala de Richter. El edificio descansa sobre cimientos de caucho y acero. Actualmente, en Chile, todos los edificios públicos nuevos deben construirse con aislamiento sísmico y, en este tipo de edificaciones, los procedimientos de seguridad han sido completamente redefinidos. Cuando se produzca un terremoto, en lugar de ordenar la evacuación de las personas, se les pedirá que permanezcan en el interior del edificio.  

En las áreas con riesgo de inundación se deben reforzar tanto los métodos de construcción como los de prevención de inundaciones. Todos podemos aprender de las medidas de prevención que los hospitales de Texas adoptaron en 2001, después de la tormenta tropical Allison. Esa tormenta causó daños de tal magnitud que los hospitales de la zona de Houston instalaron puertas de submarino en los quirófanos, fuentes de alimentación eléctrica elevadas, bombas de agua y compuertas de protección, baterías de emergencia contra cortes de energía y depósitos de agua potable con capacidad para siete días. Como resultado de ello, estos hospitales resistieron razonablemente bien el paso del huracán Harvey, manteniendo miles de vidas fuera de peligro.

En Australia, Queensland también modificó sus normas de construcción tras el catastrófico ciclón y tsunami de 2011, que dejó 9,000 km de carreteras y casi 5,000 km de vías de ferrocarril bajo el agua. En virtud de las nuevas normativas, enmarcadas en el programa gubernamental Build Back Better, la mitigación de desastres es un aspecto central de los esfuerzos de reconstrucción y, todos los servicios esenciales como la electricidad, el gas y las telecomunicaciones, deben instalarse por encima de los niveles de inundación.

Sin embargo, no siempre es fácil comprobar los daños y los peligros que existen tras un acontecimiento climático extremo. Por ejemplo, puede parecer que un camino sea transitable, pero el suelo o la arcilla situados por debajo pueden estar empapados de agua y ser movedizos. Es posible que un puente no inundado, aparentemente despejado, esté anegado o dañado por su parte inferior, y por lo tanto no sea seguro utilizarlo. 

Los drones se han convertido en una herramienta imprescindible para evaluar los daños derivados de una inundación o un terremoto, los cuales pueden llegar a representar peligros mortales. En el pasado, los constructores tenían que esperar días hasta que los niveles de agua retrocedieran para evaluar los daños de las inundaciones, o contratar aviones para sobrevolar el área, algo que era muy costoso. Con los drones es posible sobrevolar la zona y obtener, casi al instante, una imagen de aquello que debe repararse. 

Además de los drones, las nanotecnologías son capaces de hacer que nuestra infraestructura sea más inteligente: ahora podemos insertar microsensores en estructuras de hormigón que nos avisan cuando es preciso realizar tareas de mantenimiento o reparación. También podemos utilizar nuevos materiales, como los compuestos de carbono, para construir estructuras más ligeras, más resistentes y más sostenibles, como los puentes. 

Como desarrolladores de infraestructuras, tenemos la suerte de disponer de una dilatada experiencia y de una amplia gama de tecnologías que nos permiten ejecutar infraestructuras más resilientes y sostenibles. Para Puerto Rico, puede ser la mejor manera de ayudar a las comunidades, ya que, probablemente, muchas generaciones futuras sentirán el impacto negativo del cambio climático.

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