Pedro Jaime López Bergollo

Tribuna Invitada

Por Pedro Jaime López Bergollo
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Ingenio y voluntad para la reconstrucción

¿Qué podemos hacer desde acá? ¡Qué sentimiento de impotencia! ¡Qué frustración!" Estas eran las expresiones que repetían nuestros familiares y amigos en el exterior ante el devastador paso del huracán María por Puerto Rico. Sin embargo, no les tomó tiempo a nuestros hermanos y hermanas en la diáspora poner su ingenio y voluntad en función.

De inmediato, miles de boricuas en Estados Unidos y Europa comenzaron a organizar iniciativas comunitarias para el recogido de víveres y artículos de primera necesidad y así auxiliar a sus hermanos y hermanas que sufren las consecuencias de este desastre. Las imágenes compartidas a través de las redes sociales, que muestran a nuestros compatriotas en las distintas ciudades del exterior mientras llenaban los furgones con destino a la isla, al tiempo que empuñaban la monoestrellada y entonaban cánticos patrios, sin duda nos sacó lágrimas a más de uno.

Algunas figuras públicas y atletas puertorriqueños que viven en el exterior se han convertido en portavoces de campañas de recolección de fondos para los damnificados por el huracán. Otras personalidades del patio incluso han conseguido aviones prestados para movilizar a la Isla los artículos que tanto se necesitan.

Aparte de darnos toda esta ayuda tangible que es, literalmente, de vida o muerte, la diáspora ha sido fundamental en mantener nuestra crisis humanitaria en la discusión pública. Gracias a la presión ejercida por nuestros hermanos en el exterior, las grandes cadenas televisivas norteamericanas no han cesado su cobertura sobre el tema, al tiempo que importantes congresistas y políticos han abogado en favor de más ayudas para Puerto Rico.

Por último, y ciertamente no menos importante, está el apoyo espiritual y emocional que la diáspora nos ha brindado. Y es que, entre el calor, los mosquitos, la falta de comestibles y combustible, de pronto nos sentimos que no estamos solos; que tenemos todo un batallón detrás nuestro, ayudándonos a reconstruir el país. Nos sentimos que somos mucho más que 3.5 millones de habitantes contenidos en 100 x 35. Sentimos que, cuando dejamos atrás la bendita política y nos unimos en un solo propósito, podemos lograr todo cuanto nos propongamos. Nos sentimos gigantes.

Así que, desde la Isla no nos queda más que decir: ¡Gracias diáspora! Gracias por sus oraciones, por cada botella de agua donada, por cada lata de comida, por cada centavo colectado, por cada llamada a sus congresistas, por cada entrevista televisiva...Gracias por todo y por tanto.

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