Arturo Massol Deyá

Tribuna invitada

Por Arturo Massol Deyá
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Injusticia mayor contra Vieques

Tras el cese de los bombardeos en el antiguo polígono de Vieques, en 2003, el paso lógico era impulsar la limpieza de uno de los lugares más contaminados del planeta. No se trata de sacar fuera de proporción el problema. La acumulación de cientos de miles de bombas por 60 años de prácticas militares afectaron miles de acres del ecosistema terrestre, lagunas, acuíferos y amplias zonas marinas con todo tipo de metales tóxicos, incluyendo uranio reducido, explosivos de muchas categorías, hidrocarburos, napalm, ensayos con armas químicas y otra gran cantidad de sustancias químicas nocivas al ambiente y a la salud. Este panorama se complica porque la Marina de Guerra de Estados Unidos se niega a ofrecer un “full disclosure” de lo allí vertido.

No conozco de otro lugar sobre la Tierra con este cuadro “clínico” y perfil histórico. Vieques es una hermosa isla bajo el acecho de peligros ocultos. Su designación casi inmediata (2004) en la Lista de Prioridad Nacional del Programa Superfondo de la Agencia de Protección Ambiental (EPA por sus siglas en inglés) es una distinción negativa que destaca la naturaleza del problema. No se deje engañar por el paisaje paradisíaco de las antiguas zonas militares y sus blancas arenas. A pesar del “cierre” del polígono, el bombardeo continuó.

En un lugar como este, el primer paso de limpieza es la identificación y remoción de bombas sin detonar. Quince años después y tras quemar centenares de acres y detonar a campo abierto miles de bombas que se podían observar a simple vista en la superficie, aún no completan esta tarea, otras tantas quedan enterradas y miles más en el lecho marino oxidándose lentamente, liberando su contenido tóxico al ecosistema abierto.

Desde un principio, la comunidad científica, grupos ambientales y sectores viequenses objetamos la metodología de quema y detonación abierta impuesta por la Marina por considerarla un agravante más al problema central de contaminación ambiental. Esas voces han sido consecuentes pero, lamentablemente, han caído en oídos sordos y en la mirada cómplice de las agencias estatales y federales encargadas en velar por las mejores prácticas de restauración ambiental. Tanto la Agencia Federal de Protección Ambiental (EPA) como la Junta de Calidad Ambiental y el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales sabían, pero nunca hicieron nada para atender el problema, y cuando se comprometían a realizar trabajos de investigación, como en la Laguna Anones en el 2013, tampoco cumplieron.

Un acto de injusticia ambiental ha sido repetidamente denunciado inclusive por posturas editoriales de este diario. En un trabajo reciente de su corresponsal en Washington, José Delgado, divulgó los hallazgos de un estudio ordenado por el congreso estadounidense a una comisión conjunta de las Academias Nacionales de las Ciencias, Ingenierías y Medicina. El análisis científico reconoce como nocivo y anticuado las prácticas de quema y detonación abierta de municiones como las realizadas en Vieques mientras consignó como importantes las múltiples objeciones ciudadanas.

Años de denuncias fueron validadas científicamente por lo que podría considerarse como el más alto foro de las Ciencias en Estados Unidos. Existen alternativas al alcance, son viables y están disponibles. Se trata de las mismas propuestas, presentadas hace años, de detonación contenida en cámaras cerradas. Esa tecnología no es nueva y aunque tiene limitaciones de tamaño para algunos explosivos, la inmensa mayoría podrían procesarse de manera más segura.

Ante los 30 hallazgos y 8 recomendaciones del informe publicado por la National Academy Press (2019), corresponde a las agencias responsables finalmente poner oído en tierra y ajustar su rumbo. Es Vieques y centenares de lugares impactados con más de 400,000 toneladas de municiones sin detonar en campo abierto. Eso no las exoneraría de su irresponsabilidad histórica pero, ante la gravedad del asunto, sería un ajuste mayor ante la injusticia mayúscula a la que han condenado a la isla de Vieques y sus habitantes.

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