Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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Insecticidas y enfermedades cardiacas

Las estadísticas sugieren que un total de 52 mil millones de personas han perecido por causa de una criatura muy diminuta, el mosquito. Considerando que la población mundial en este momento es de 7.6 mil millones habitantes, estas cifras son asombrosas. Las víctimas fatales de este insecto, a lo largo de la historia, representan siete veces la población actual. Esta minúscula plaga ha derrumbado ejércitos y matado a poderosos líderes. 

La mayor parte de los insectos contribuyen algo a la ecología, ya sea polinizando plantas como lo hacen las abejas, sirviendo como fuente de alimento para otros animales, o comiéndose otros animales para así controlar y mantener un balance en la población. La excepción parece ser el mosquito. El consenso entre expertos en este tema es que su contribución es nula, a menos que su papel en la ecología sea enfermarnos y matarnos para mantener la población mundial humana bajo control. Esta columna no pretende ser un tratado de ecología. Realmente es otra mi preocupación. Veamos.

Al leer esto me imagino que muchos sentirán urgencia por rociar su casa con el primer frasco de insecticida que encuentren. Pero ¿es esta la mejor forma de enfrentar el problema? ¿Cuán seguros son estos pesticidas? Sabemos de algunos que causan cáncer. Existen varias clases de insecticidas, pero uno de los más populares pertenece a la familia denominada piretroides. Su uso residencial ha aumentado drásticamente en las últimas décadas, debido a que el uso de otros mucho más tóxicos, como el DDT y los organofosforados se ha prohibido. Un dato curioso es que estos piretroides se derivan de un insecticida natural que se encuentra en la flor conocida como crisantemo. Quizás debido al hecho de que son derivados de una flor, se consideran inocuos. Muchas personas piensan que “si es natural tiene que ser bueno”, olvidando que el tabaco y la cocaína son de origen natural también. Por décadas los piretroides se han considerado entre los insecticidas más inocuos y representan aproximadamente el 30% del mercado mundial de pesticidas. 

Los piretroides se encuentran en una variedad de productos, incluyendo no solo los insecticidas domésticos y agrícolas, sino también en champús para mascotas, tratamientos para piojos y en repelentes de mosquitos. Estos se metabolizan rápidamente y se eliminan en la orina. Por esta razón, la concentración urinaria de estos productos se considera como un marcador perfecto de la magnitud de exposición a la sustancia. Los datos indican que dos de cada tres personas en EE.UU. tienen niveles medibles de estos productos en sus muestras de orina. 

En un reciente número de la revista JAMA Internal Medicine, un grupo de investigadores del Colegio de Salud Pública de la Universidad de Iowa comparó las muertes totales, incluyendo las cardiovasculares, entre los participantes de un prestigioso estudio. La singularidad de este estudio es que no solo recopila datos utilizando un cuestionario, sino que recolecta muestras de orina para medir la concentración de insecticidas piretroides. Los investigadores siguieron a los participantes hasta 17 años después de la medición urinaria. Los resultados fueron sorprendentes porque revelaron una elevación del riesgo de muerte en un 56% en aquéllos que tenían una mayor concentración en la orina comparados con los que tenían las concentraciones más bajas. 

Pero todavía más sorprendente es que la mayoría de las muertes no fueron por cáncer, sino por enfermedades cardiovasculares. Aún más extraño y chocante fue que el riesgo de muertes cardiovasculares se elevó por un alarmante 300% en aquellos con la concentración más alta en orina. Dado el uso generalizado de los piretroides, los resultados de este estudio evidencian que es necesario un control inmediato por parte del gobierno, especialmente porque esos insecticidas han sido considerados por mucho tiempo como poco peligrosos para los humanos. ¿Cómo identificarlos? Mire la etiqueta del pesticida, generalmente en la parte del frente del producto, y busque la lista de ingredientes activos. Si contiene uno de estos es un piretroide: allethrin, resmethrin, permethrin, cyfluthrin o esfenvalerate. 

El tema de los mosquitos aún tiene otros giros y aplicaciones. En la Alemania nazi, en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, Heinrich Himmler decidió investigar la posibilidad de utilizar la guerra biológica en contra de los aliados. Con ese propósito, utilizaron mosquitos anófeles, a los cuales les introdujeron el parásito de la malaria con el fin de ajotarlos contra las fuerzas enemigas.  

Si los nazis hubiesen ganado la Segunda Guerra Mundial y les tocara ahora combatir con Irán, seguramente usarían el truco del mosquito y la malaria para asesinar a la figura militar más poderosa de Irán, el general Qassem Soleimani. Ese truco hubiese resultado en una muerte por “causas naturales” en un país donde la malaria ha sido endémica.

Habiendo tantos “genios” gobernando países grandes y poderosos yo esperaría que no se les ocurra echar mano a estas armas químicas altamente letales. La figura de Himmler, la sombra de Hitler y el cerebro detrás de las deleznables SS, a ratos renace como un fantasma en estos tiempos modernos y convulsos, mucho más cerca de lo que se nos aparece un majadero mosquito.


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