Marcia Rivera

Tribuna Invitada

Por Marcia Rivera
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Instituto de Estadísticas como balón político

Con asombro, incredulidad y tristeza he seguido los incidentes que se han desatado en relación con el Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, responsable de coordinar las actividades y servicios de estadísticas de todos los organismos gubernamentales del país y de establecer parámetros y vínculos para comparar a Puerto Rico con los datos de las agencias del gobierno federal y los que generan otros organismos regionales.

Desde su creación en 2003, los que investigamos sobre la realidad económica y social de Puerto Rico hemos podido constatar que, a pesar de su magro presupuesto, el Instituto se fue consolidando y renovando las formas de recopilar datos y de generar estadísticas veraces, confiables y accesibles. Sobre todo, hemos podido recuperar confianza en que no se maquillan datos a conveniencia del partido en el poder, como se hacía antes.

Eso es fundamental para un país que ha perdido prácticamente todas las fuentes de credibilidad y que vive en zozobra cotidiana por ello. En un momento tan crucial como éste, donde se necesita un análisis real y pormenorizado de la situación económica, fiscal y social de Puerto Rico para tomar medidas frente a la multidimensional y gigantesca crisis que nos atrapa, el Instituto ha sido un sol que permitía imaginar un camino informado.

La decisión de intervenirlo con la lógica de que quien gana una elección puede arrasar con todo —contundentemente expresada en el Artículo 29 de la Ley Núm. 3 del 23 de enero de 2017, denominada “Ley para Atender la Crisis Económica, Fiscal y Presupuestaria y para Garantizar el Funcionamiento del Gobierno de Puerto Rico”— es funesta para el presente y el futuro del país.

No sólo se está cuestionando su carácter de organismo independiente, expresamente diseñado para que no sea afectado por los vaivenes de la política partidista, sino que se quiere asegurar que responda a ella, removiendo de la Junta de Directores a expertos que se sospecha no son militantes del partido en el poder. Se les ha removido en violación del Artículo 10 de la Ley que crea el Instituto, donde se establece que, al igual que el director ejecutivo, sólo podrán ser removidos por justa causa, con previa formulacio´n de cargos y con oportunidad de ser escuchados.

Peor aún, ello se hace poco antes de una reunión donde la Junta iba a considerar la designación del director ejecutivo para el siguiente período de trabajo como, de hecho, se hizo.

La ley que crea el Instituto dispuso expresamente un período de diez años de gestión en la dirección ejecutiva para asegurar que ese nombramiento no se convirtiera en balón político-partidista. La intención de designar a una nueva Junta que asegure fidelidad al gobernador va también dirigida a sacar, eventualmente, al director ejecutivo, el doctor Mario Marazzi. Si en algo coincidimos los puertorriqueños de todos los sectores —académicos, empresariales, ONG, medios y otros— es que Marazzi ha hecho una labor fenomenal al frente del Instituto.

Con verticalidad, conocimiento, experiencia, honradez, compromiso y rigor científico, ha llevado a Puerto Rico a un lugar honroso en lo que se refiere a estadísticas. Imponerle una Junta que responda al partido en el poder es obligarlo a negar los principos que ha defendido y encarnado en su gestión. Marazzi no es un mercenario que maquillará datos a pedido de quien le pague. Es uno de nuestros mejores valores profesionales, a quien le debemos respeto y reconocimiento. El mío lo tiene desde hace mucho tiempo.

Esta experiencia es réplica de lo que el gobierno ha hecho recientemente en las Juntas de la Universidad de Puerto Rico y varios otros organismos. Las juntas de directores en entidades públicas se concibieron como sostén y ancla del proceso democrático; existen para evitar el secuestro partidista, que por naturaleza tiende a ser autoritario. La intervención de éstas, al amparo de la Ley 3 de 2017, confirma que, “de jure” y “de facto”, Puerto Rico tiene ya un gobierno totalitario. En Fortaleza no están leyendo bien el mensaje de rechazo al partidismo craso que se demostró en las elecciones de 2016.

¡Así no podemos sacar adelante al País!

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