Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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Insumisión y sacudida

Dos frases se han pronunciado esta semana que son lapidarias, y que, si de ahora en adelante no hacen historia, es porque el mundo está mal hecho.

La primera la soltó el presidente del Partido Popular Democrático, Héctor Ferrer, con motivo de un almuerzo al que asistió en Washington, y en el que se codeó con la crema y nata del sector conservador de esa ciudad. Al tratar de distanciarse del evento, asegurando que no sabía quien lo organizó, y mucho menos quién pagó la cuenta, el máximo dirigente del PPD expresó:

“Consumí el plato que consumí, me paré, me despedí, y allí se quedó la gente”.

El verbo consumir no es el más acertado, pero le da un toque aséptico a la comilona. Apuesto a que lo mejor vino cuando él se fue. ¿Cómo se le ocurre hacer ese San Blas (come y se va), en un cónclave de tanta categoría? El propio Ferrer reconoce que devoró sus alimentos con premura, y ni siquiera tuvo el gesto de despedirse mientras aún estaba sentado, sino que se puso de pie para decir adiós, ante el previsible azoro del resto de los comensales.

Total, que si vamos a ser realistas, tenemos que admitir que este sinvivir del PPD, peleando entre ellos por la dichosa hojita suelta que puntualizaba que Puerto Rico es mala paga (y que ayudó a redactar el propio Ferrer), resulta insignificante comparado con el panorama general que se perfila para los próximos meses. En el PPD pueden estar tranquilos, y dedicarse a resolver con calma todas sus diferencias, pues en 2020 todavía estaremos bajo el control directo del Congreso, y en esas circunstancias da lo mismo que se odien o se reconcilien.

Mientras tanto, la Junta de Control Fiscal ha pedido informes sobre los gastos, la asistencia y la productividad de los legisladores y otros funcionarios públicos. Yo creo que no son hojas de asistencia específicas, con el horario de entrada y salida de cada cual, sino un recuento generalizado de quiénes van a trabajar y quiénes no. ¿Es acaso una ofensa pedirles eso a los legisladores y a los jueces? ¿Por qué tanto revuelo, como si estuvieran por encima del humano mundo?

Hace años, en la redacción de este diario, teníamos un colega que constantemente nos exhortaba a realizar pesquisas sobre el ausentismo legislativo, y las patrañas que inventaban los legisladores para cobrar las dietas y darse a la fuga. Hacían —y hacen— la vida que les da la gana. Así un día tras otro, mes tras mes, cuatrienio tras cuatrienio. Nadie se permite cuestionarles nada, como si fueran dioses.

Ahora es diferente. O debería serlo. No hay manera de controlar los gastos de un gobierno, que ni siquiera es capaz de calcular cuántos empleados públicos tiene en nómina, si no se sabe cómo se emplea el dinero, cuánto ha salido y cuánto queda en caja, o cualés son los datos básicos de productividad en cada agencia, corporación o rama de gobierno. Estamos hablando de unos parámetros fiscales establecidos por ley, ¿no es eso? Pues hay una sola forma de cumplir con esos parámetros, y es implantar rigor y vigilancia.

Sé que el asunto ha revolcado de nuevo el avispero. Y aquí es que surge esa otra frase singular de la semana. La dijo el presidente de la Cámara, Johnny Méndez, refiriéndose a la directora ejecutiva de la Junta de Control Fiscal, Natalie Jaresko:

“Ella no está en Ucrania, donde imponía su voluntad”.

Yo creo que ella sabe perfectamente que no está en Ucrania. Por el contrario, el que no sabe dónde está es Johnny Méndez. Él, y el presidente del Senado, se encuentran todavía como en una nube, y además parecen orgullosos de flotar en ella. No se dan cuenta de que si mañana se va Natalie Jaresko, vendrá otra persona que exigirá exactamente los mismos informes y controles. ¿O cuál es la expectativa de los líderes legislativos, cuál su esperanza, que tumben a la Junta y les devuelvan la potestad de gobernarse a solas? Eso no va a pasar. Tienen compañía. La van a tener por mucho tiempo. Está la supervivencia de la isla, por ahora, demasiado supeditada a los fondos que llegan desde Washington, y es el Departamento del Tesoro —no la Junta, ni el otro, ni la de Ucrania—, el que ha pisado el freno. Es el gobierno federal el que decreta controles especiales para sus millonarias asignaciones, y no va a echarse atrás.

Cuesta entender el nivel de hostilidad de los presidentes de la Cámara y del Senado, siendo ellos quienes son y presumiendo de lo que presumen: de un ideal anexionista que tiene como paradigma la autoridad federal. Nadie les pide que se resignen a una situación que fulmina privilegios, y que en el fondo los atemoriza, pero deben saber que en Puerto Rico, en estos momentos, hay una sola forma de ser insumisos: yendo en bloque al Congreso a exigir la independencia. Todo lo demás es ceguera. Ya los tribunales les dieron con la puerta en las narices.

Llevamos en este forcejeo infantil casi dos años. Se están buscando una sacudida importante. Se la están ganando a pulso. Conste que lo digo antes que lleguen todos los lunes que vendrán.

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