Osvaldo Carlo

Tribuna invitada

Por Osvaldo Carlo
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Interioridades de la trama rusa

Entre tragos, en un pub de la ciudad de Londres, George Papadopoulos, ayudante de campaña de Donald Trump, le revela a un diplomático australiano, Alexander Downer, que el gobierno ruso tenía información dañina sobre la candidata Hillary Clinton. Este encuentro, suscitado el 10 de mayo de 2016, fue reportado por Downer a sus superiores. Pero no es hasta julio de 2016, cuando WikiLeaks hace pública información dañina sobre Clinton, que los australianos relacionan los eventos y reportan al Negociado Federal de Investigaciones (FBI) el encuentro entre su diplomático y el ayudante de campaña de Trump.

El 31 de julio de 2016, el FBI inicia la investigación Crossfire Hurricane. Entonces se toma la decisión de enviar a dos agentes a Londres para entrevistar al diplomático australiano Downer. La investigación, de contrainteligencia, busca establecer los vínculos del comité de campaña Trump, si alguno, con las actividades de los rusos para intervenir en la campaña presidencial de 2016.

La relación de Trump con los rusos ya había generado interés de miembros de su oposición dentro del Partido Republicano. En octubre de 2015, un grupo de republicanos contrató a Christopher Steele, exdirector de la sección rusa de los Servicios de Inteligencia Británicos (M16) para investigar a Trump. Cuando Trump es seleccionado candidato a presidente, los republicanos dejan de pagarle a Steele. Sin embargo, para esa fecha Steele ya había sido contratado por el abogado Marc Elías, de la campaña de Hillary Clinton. Eventualmente, el FBI gana acceso a la investigación de Steele, la cual conocemos hoy como el “Dossier Trump.”

Antes de la elección de Trump, ya el FBI había obtenido información sobre las actividades de Papadopoulos y se encontraba adelantado en su esfuerzo de corroborar los datos contenidos en el Dossier Trump. Entonces el FBI solicita al Foreign Intelligence Surveillance Court que emita órdenes para interceptar las comunicaciones de aquellos que se habían convertido en tarjetas de la investigación. Entre otros, el tribunal ordena que se intercepten las comunicaciones de Carter Page, asesor de la campaña de Trump. Además, el FBI infiltra a un informante en el comité de campaña de Trump.

En mayo de 2017, la investigación de la campaña de Trump toma un giro importante. Ese mes, luego de que el secretario de Justicia federal se inhibiera de la investigación, esta se delega al subsecretario Rod Rosenstein. Este, a su vez, nombra a Robert Mueller como fiscal especial encargado de la investigación. Mueller cuenta con la autorización de investigar la relación de la campaña de Trump con los rusos, pero también “cualquier otro delito” que descubra en el proceso investigativo.

La investigación de Mueller, catalogada de “cacería de brujas” por Trump, ha producido importantes resultados. Cuatro asesores de Trump, un abogado, un financiero, 13 nacionales rusos, 12 agentes de lainteligencia rusa, tres corporaciones rusas, entre otros, han sido acusados o son tarjetas de la investigación.

A Manafort, a quien un jurado ya encontró culpable, le espera un segundo juicio en Washington, por representar a un país extranjero sin estar debidamente autorizado. La oficina de Mueller ha mostrado gran interés en la cooperación de Manafort porque fue parte de una importante reunión en el Trump Tower. En esa reunión, convocada para discutir información dañina para Hillary Clinton, participaron Manafort, Trump Jr., Jared Kushner y una abogada rusa.

Por otro lado, Michael Cohen, abogado que Trump ha descrito como su persona de confianza, y quien estaba a cargo de sus asuntos legales personales, hizo alegación de culpabilidad a cargos que involucran la violación de leyes federales sobre el financiamiento de campañas electorales. Durante su confesión en corte abierta, Cohen indicó que violó las leyes sobre el financiamiento de campaña debido a que una persona “que buscaba ser electo a una posición federal” y “con el propósito de influenciar una elección federal… le instruyó realizar pagos a la actriz de películas pornográficas Stormy Daniel, así como a la modelo de Playboy, Karen McDougal. Hasta ahora, la confesión de Cohen es lo más cercano que la investigación ha llegado para poder conectar a Trump con la comisión de un delito.

La investigación que dirige Mueller no da indicios de estar próxima a concluir. Esto a pesar de los pedidos públicos de Trump, sus abogados y allegados. Por el contrario, la convicción de Manafort y la alegación de culpabilidad de Cohen resultan ser un suero de credibilidad para una investigación que no había producido grandes resultados en los últimos meses. Y la investigación continúa.

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