Julio Fontanet

Tribuna Invitada

Por Julio Fontanet
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Ir a Olimpiadas no es un gasto

La noche en que las jugadoras de nuestra selección nacional de voleibol cualificaron para las Olimpiadas de Río en el torneo de repechaje, hubo una alegría contagiosa en el País. Para Yarimar Rosa, capitana del equipo, era evidente que la victoria de la selección trascendía el ámbito deportivo.

Para mi sorpresa, al día siguiente hubo personas que, en sus programas radiales de “análisis”, menospreciaron la gesta del equipo y expresaron cómo era posible que se asignaran partidas económicas para enviar nuestros atletas a olimpiadas en momentos en que vivimos una crisis económica. Abundaban, además, sobre las pocas posibilidades de que nuestros atletas pudieran obtener medallas en sus respectivas disciplinas.

Los comentarios esgrimidos por estos comentaristas reflejan un gran desconocimiento de lo que es el deporte y de la finalidad del olimpismo. O, quizás, meramente proyectan su fobia a todo aquello que provea una plataforma para que Puerto Rico cuente con representación a nivel internacional. En algunos casos la ignorancia y el ataque han sido tan irresponsables que han cuestionado el que compatriotas de la diáspora participen en nuestros equipos nacionales.

Cabe preguntarse a qué se debe tanto desprecio por el deporte y las competencias mundiales. La primera razón es lo que se ha identificado como la “mentalidad carpetera” de algunos “analistas”. Para ese sector el deporte es un obstáculo para la anexión del País a los Estados Unidos. Incluso resienten la pasión y entusiasmo que generan nuestros equipos nacionales sin importar su desempeño o posicionamiento en el ranking mundial. Las palabras “soberanía deportiva” les provocan canilleras. En una ocasión les escuché decir, en claro menosprecio de la selección nacional de baloncesto, que nuestro jugador estelar equivalía a un jugador del montón en la NBA. No tengo duda de que la mayoría de los estadistas, incluidos Pedro Rosselló y Larry Seilhamer, se distancian de esas posturas o las encuentran ridículas. Si no me creen, pregúntenles.

La segunda razón es que realmente no entienden la importancia del deporte en todas las etapas de la vida. Sus posturas reflejan un gran desconocimiento de la relevancia del deporte en la formación integral del ser humano: desde la salud y la disciplina, hasta el desarrollo de competencias para trabajar en equipo, el crecimiento en madurez emocional para aprender a lidiar con los éxitos y los fracasos, y la oportunidad de acceder a educación universitaria y forjarse un futuro, y no necesariamente como atleta profesional. Desde niños el sueño olímpico constituye el motor y el estímulo de estos jóvenes atletas.

Las premisas básicas de estos “analistas” son que, si no vas a competir para ganar o tu país no tiene una economía estable, no debes competir. En ese sentido, cabe preguntarse si debemos eliminar los field days de las escuelas y las Justas de la LAI porque al final muy pocos serán atletas con posibilidades ulteriores de medallas olímpicas.

Y, a nivel olímpico, ¿qué proponen? ¿Que solo los países con determinado ingreso per capita puedan participar? No debería, entonces —y para satisfacción de estos comentaristas—, llamarse Olimpiadas sino CIPAD (Competencia Internacional de Países Altamente Desarrollados).

La inversión que hace una sociedad en el deporte, incluido el envío de sus atletas a las olimpiadas, es minúscula con relación al beneficio en todos los órdenes. Si se tiene que recortar en algún lado, ahí están las escoltas, los carros oficiales, los sueldos de algunos funcionarios públicos y tantas otras cosas que no generan ningún beneficio al País. Precisamente, eso es lo bueno del deporte: todos participamos y nos beneficiamos. Y, por cierto, sin chofer.

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