Luis Alberto Ferré Rangel

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Por Luis Alberto Ferré Rangel
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Irma nos regaló una gran oportunidad

A pesar de que los efectos del huracán fueron menores a los pronosticados, la estela de Irma todavía nos acompaña en más de una manera.

En Culebra y la zona montañosa tenemos los epicentros de máximo daño en espera de ayuda y recuperación. En la zona metro ya circula el tráfico y para el lunes es posible que alguna parte importante de la electricidad se haya recuperado. Sin embargo, hoy día hay personas sin hogar en la pequeña isla municipio, así como barrios de Adjuntas, Utuado y Jayuya que siguen incomunicados.

Nuestra cobertura en los próximos días se moverá a Utuado y Culebra para narrar de primera mano los esfuerzos de recuperación de esos municipios, porque, como bien lee nuestro editorial de hoy, son las zonas más pobres, las más expuestas.

Confiamos que con la presencia de nuestros periodistas en esas zonas podamos mantener al país y al Gobierno más enterados de lo que realmente conlleva su recuperación, que es muy distinta a la que requiere la zona metropolitana.

Una cosa es cubrir la tormenta cuando pasa, la otra es quedarse para asegurarse de que la ayuda llegue. Hoy, también nuestra reportera Mabel Figueroa da cuenta en su crónica de las páginas 30 y 31 de lo que conlleva cubrir un evento como este en tiempo real.

Por otro lado, mientras atendemos nuestras carencias, a solo media hora de vuelo, al este de Puerto Rico, hay muerte y devastación. Empezando por Santo Tomás, Saint John’s y siguiendo por Santa Cruz, Tortola, Virgen Gorda, Anegada, San Bartolomé, San Martín, Anguila, Saint Kitts y Nevis, San Eustaquio, Saba, Antigua y Barbuda. Islas ínfimamente más pequeñas que las nuestras y con muchos menos recursos tienen que esperar a que les llegue ayuda de Francia, Holanda y Reino Unido, excepto las Islas Vírgenes estadounidenses. A dos meses de la temporada alta de turismo, su infraestructura está destruida. Y hoy comienzan a enterrar a sus víctimas. Ciertamente allí la tasa de muerte y destrucción es altísima en comparación con sus poblaciones y economías.

Ese sería nuestro panorama si el huracán hubiese tardado 120 o 180 minutos en hacer su giro hacia el norte. Así de cerca estuvimos de una situación de catástrofe total, pero no fue así. Y hay que meditar seriamente por qué no lo fue.

Irma nos regaló una oportunidad. La oportunidad de levantarnos como país y como sociedad ante los embates de las tormentas creadas por nosotros mismos, las que nos han llevado a la actual crisis social.

De igual manera que nos preparamos para resistir el embate del huracán y hoy nos unimos para ayudar a Culebra o Utuado o al vecino a limpiar o darle agua al empleado municipal, tendremos que demostrar mayor solidaridad y compasión en los tiempos que se avecinan.

Porque Irma se fue ya, pero no nos podemos quedar solo agradecidos de que no nos pasó nada.

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