Antonio Pérez Aponte

Tribuna Invitada

Por Antonio Pérez Aponte
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IVA, mitos y realidad

La propuesta reforma contributiva desató una batalla partidista que se impone sobre el entendimiento. No hay justa perspectiva. La desinformación la convirtió en mito monstruoso que choca con la realidad.

El cambio hacia el Impuesto de Valor Agregado (IVA) se implantaría por la necesidad del Estado de aumentar los recaudos para cumplir con las obligaciones de la deuda. Cualquier otra motivación que se alegue es jaibería.

El Impuesto a las Ventas y Usos (IVU) es un desacierto por su incapacidad de revertir los recaudos al erario. El IVA sería más efectivo en lograr ese objetivo porque dispone de mecanismos de autofiscalización que el IVU no tiene.

Todo impuesto al consumo es regresivo porque afecta en mayor proporción a los de menores ingresos. Tampoco hay que ser economista para saber que un aumento en las tributaciones tiende a deprimir la actividad económica. Y los más afectados por este cambio tributario serían los empresarios.

Ésa es la realidad. Lo demás mito. La idea de que el impuesto aumento del 7% al 16% causaría inflación no sólo es un mito, sino un disparate que atenta contra toda lógica económica. Lo mismo que produce recesión, no puede provocar inflación. Si el ingreso es el mismo y tenemos que pagar más, disponemos de menos dinero para adquirir bienes y servicios. Así las cosas, los empresarios tendrían que bajar el precio para mantenerse en el mercado.

Por eso digo que, en este escenario recesivo, los empresarios serían más afectados que el consumidor medio porque tendrían que asumir parte o la totalidad del aumento tributario. Y no todos los empresarios, porque los más afectados serían los pequeños que no pueden pagar porque operan al filo de la insolvencia y los medianos que no pagan. Tendrían que ajustarse porque en poco tiempo las megaempresas desplazarían gran parte de su competencia.

La imposición del IVA a gastos médicos y educativos tiene otras implicaciones. Afecta al sector más frágil que sostiene el gasto de consumo. Hacer que tributen por los servicios esenciales sobre los que se levantó el país es un contrasentido económico, un retroceso histórico y un error de cálculo, porque el Estado tendrá que asumir parte del costo, a través del sistema público, de los que no puedan servirse en el sector privado. Eliminar o minimizar el impuesto a estos sectores corregiría gran parte de la regresividad que la reforma implica.

El IVA no es un monstruo. Es que estamos asustados porque se hizo tarde, tocamos fondo y no hay más alternativa que renegociar la deuda y pagar.

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