Ruth Merino

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Por Ruth Merino
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Jennifer es Jennifer

Recuerdo muy bien el espectáculo de canto y baile que protagonizaron Jennifer López y su entonces esposo Marc Anthony en Miami en noviembre de 2007.

Y lo recuerdo porque siempre los he admirado y esa era la primera oportunidad que tenía para verlos en vivo y a todo color.

La sorpresa que todos allí nos llevamos es que Jennifer estaba encinta, lo que podía verse claramente ya que sus mellizos nacieron a fines de febrero del 2008.

Jennifer es Jennifer, artista consumada, bailarina fabulosa, perfeccionista y audaz. Pero confieso que, además de apreciar su arte, yo estuve casi todo el tiempo mandándole mensajes telepáticos: por favor, Jennifer, no te caigas, no te resbales, no te des un tropezón…

Y, afortunadamente, nada pasó.

Jennifer, nuevamente en Miami, deleitó hace una semana a cientos de miles de personas que la vieron en vivo y vía satélite en el medio tiempo del Super Bowl.

Además de cantar y bailar, repitió la extraordinaria secuencia acrobática que hizo, utilizando un tubo, en Hustlers, su último filme.

Imposible olvidar también el momento en que desplegó las banderas de Puerto Rico y Estados Unidos en una capa tricolor reversible.

Los elogios para ella y Shakira, con quien compartió el escenario, han sido abundantes y súper merecidos. No han faltado, sin embargo, las voces que han criticado la audacia de la vestimenta y de los bailes de ambas artistas.

Pero en el caso específico de Jennifer otro dato ha llamado la atención: su edad, 50 años. (Jennifer Lynn López Figueroa nació el 24 de julio de 1969 en Nueva York, ciudad a la cual emigraron sus progenitores, ambos de Puerto Rico).

¿Cómo? ¿50 años? ¿Jennifer?

50 años es la edad en que se supone que la cercanía -o ya la realidad- del “cambio de vida” nos dé a las mujeres la señal de que estamos tocando a la puerta de la senectud.

Sin duda, la respuesta de Jennifer a estos prejuicios es rotunda y convincente.


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