Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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Jenniffer González, no se imponga a la brava

Este es el panorama.  Cuando el gobernador Ricardo Rosselló estaba atrincherado en La Fortaleza y asediado por hordas de cacerolas, no fueron pocos los que recibieron como justicia poética la sorpresiva noticia de que Pedro Pierluisi habría de sustituirlo y el estilo sosegado del derrotado aspirante a la gobernación de 2016 sirvió de bálsamo, como la calma en el ojo de la tormenta, hasta que sus torpezas lo descarrilaron en choque constitucional.  Y como suele ocurrir con el rabo del huracán, entonces llegaron vientos más fuertes.  

Mientras los polos opuestos de Jenniffer González y Thomas Rivera Schatz hacían un pacto de no agresión que les permitiera convivir en medio de la crisis, lo insospechado estaba por venir… la secretaria de justicia Wanda Vázquez en cadena de sucesión que no quería serlo, puesta su mano sobre la Biblia, responde con dignidad a los que se creyeron con poder para empujarla.  Hoy es la segunda mujer gobernadora una abogada con formación de fiscal, no acostumbrada a que se le empuje.

No es la primera vez que el Partido Nuevo Progresista enfrenta un choque de trenes por aspiraciones desencontradas al orden constitucional.  En 2005 comenzó un cuatrienio estéril cuando el exgobernador Pedro Rosselló quiso revalidar su fracasado retorno a La Fortaleza, desmontando la organización de su propio partido en el Senado.  Curioso que aquel disparate fuera orquestado por el hoy presidente de ese cuerpo legislativo, quien con su verbo abrasivo no entiende que político que empuja, termina atorado.

La comisionada residente Jenniffer González está encaminada a ser la próxima líder portaestandarte, candidata a la gobernación progresista en 2020.  Podría hasta serlo antes, de ocurrir la vacante especulada y, como se propone, ser nombrada y confirmada secretaria de Estado.  Eso, si fuera conveniente, no se consigue a la brava.  El campo está minado y al partido de gobierno aún le quedan sorpresas de impredecible ramificación en el trecho de año y medio por recorrer tras la debacle sufrida estos días.  Y nuestro pueblo –  con sus facciones progresistas, populares, independentistas, no-afiliados – está frustrado y asustado.  No hay peor cosa que un pueblo asustado con fanáticos empujándolo al barranco.

La estabilidad de nuestra gobernanza está en ruinas, Puerto Rico ha perdido su credibilidad en Washington y no hay necesidad de elaborar en la magnitud de nuestros problemas económicos.  La comisionada González posee extraordinaria habilidad política y, además, sabe caminar los planos más altos como mujer de estado.  Hoy le corresponde posponer lo primero, por el más noble ejercicio de enderezar a Puerto Rico.

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