Lajos Szászdi León-Borja

Tribuna Invitada

Por Lajos Szászdi León-Borja
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Jerusalén, Trump y la familia

Al tomar la decisión de reconocer a la ciudad de Jerusalén como capital del Estado de Israel, el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple con una promesa de su campaña electoral para la presidencia, demostrando una vez más que por lo general, lo que promete cumple o trata de cumplir.

Por otro lado, dicho reconocimiento de Jerusalén como capital del Estado Judío demuestra una profunda falta de conocimiento del conflicto árabe-israelí por parte del Presidente de Estados Unidos, o al menos el que tenga una visión muy parcializada del conflicto a favor de Tel Aviv.

Esto no sería de extrañar, en vista de la influencia que ya habrían ejercido sobre Trump varias personas cercanas al mismo, con respecto a dicho tema del estatus de Jerusalén, antes de que fuese candidato a la presidencia.

Una de ellas es David Friedman, amigo de Trump y su abogado de bancarrotas, americano de origen judío y hebreo ortodoxo muy en contra de la solución de dos Estados - uno israelí y el otro palestino - al conflicto palestino-israelí y muy a favor de la expansión ilegal por parte de Tel Aviv de asentamientos de colonos, inmigrantes ilegales judíos de la Diáspora en los territorios ocupados de Jerusalén Oriental y de Cisjordania, capturados a Jordania por las fuerzas israelíes durante la Guerra de los Seis Días de 1967. Trump recompensó a su amigo y colaborador de campaña Friedman con el puesto de Embajador de EE.UU. ante el Estado de Israel.

Otra influencia sobre Trump decisiva para su decisión de reconocer a Jerusalén como capital del Estado de Israel sería su yerno, Jared Kushner, americano judío ortodoxo de Nueva York como Friedman, casado con la hija mayor de Trump - y probablemente su hija favorita - Ivanka. Por motivos religiosos y de nacionalismo judío, Kushner, nombrado por su suegro alto asesor del Presidente para asuntos internos y externos de EE.UU., con despacho en la Casa Blanca, le habría convencido al ahora Jefe de Estado americano que reconociese la postura del Estado de Israel de que Jerusalén es su capital, donde debe de estar la embajada de EE.UU.

Finalmente, Ivanka, convertida al judaísmo ortodoxo por su matrimonio con Kushner, y también con despacho en la Casa Blanca como consejera de su padre el Presidente, como neófita hebrea habría sin duda persuadido a su padre ya desde años antes, repitiendo los argumentos de su esposo, sobre la actitud que EE.UU. debía de adoptar con respecto al estatus político de Jerusalén, y que Trump hizo oficial la semana pasada.

Hay que recordar al lector que los palestinos son una nación árabe de mayoría musulmana sunita con también una minoría cristiana, descendientes de una población que habría estado viviendo ininterrumpidamente en la Tierra Santa desde al menos unos 1,900 años hasta el presente. Fue el Emperador Adriano quien aplastó la última gran rebelión judía contra el poder de Roma, matando, esclavizando y expulsando a la población judía dela Tierra Santa por su victoria en el año 136 de nuestra era. Tras la creación del moderno Estado de Israel en territorio de Palestina en las guerras de 1948 y la expulsión de 1 millón de palestinos por los judíos, los palestinos actualmente desean como mínimo un Estado Palestino independiente y soberano con capital en Jerusalén Oriental e incluyendo Cisjordania y la Franja de Gaza.

Las consecuencias de la sin duda importante decisión del Presidente Trump con respecto a Jerusalén serán más negativas que positivas para los intereses nacionales de EE.UU. y del Estado de Israel.

Para empezar, EE.UU. padecerá un mayor aislamiento en el terreno diplomático por la oposición de la mayor parte de la comunidad internacional a la decisión adoptada por Trump, de reconocer a Jerusalén como capital del Estado Judío y por la orden resultante de trasladar la embajada de EE.UU. de Tel Aviv a Jerusalén Occidental. Dicho aislamiento se ha visto en el voto este viernes pasado de 14 miembros del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) condenando la declaración hecha por Trump sobre el estatus político de Jerusalén. EE.UU. se quedó solo.  Lo significativo es que sus socios y aliados europeos más prominentes como también sus aliados en la Liga Árabe han condenado la decisión de Trump sobre la que antes de la invasión de los judíos hace un poco más de 3,000 años fue la antigua y probablemente milenaria ciudad-estado cananea de Jerusalén.

A este segundo aislamiento de EE.UU. hay que añadirle un primer aislamiento diplomático, menos extenso, por la anterior decisión de Trump de no querer certificar que Irán cumple con lo estipulado por el acuerdo nuclear al cual llegó con EE.UU., el Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia, China y la Unión Europea. Trump dice ahora que Teherán no cumple con el acuerdo que limita su programa nuclear civil, a pesar que los otros actores internacionales más la ONU reconocen que Irán sí cumple con el acuerdo. Sin duda, otra instancia de influencias sobre Trump que incluyen las de los personajes cercanos al Presidente ya mencionados y que provocan el aislamiento internacional de Washington, en menoscabo de sus intereses nacionales, pero sirviendo los intereses postulados por Tel Aviv.

Cabe esperar que la decisión de Trump sobre Jerusalén provocará más violencia y protestas callejeras, no sólo en el mundo árabe pero también en el mundo musulmán. No hay que olvidar que Jerusalén es el tercer lugar más santo para el Islam, después de Meca y Medina.

El terrorismo islamista sunita adquirirá otro motivo más para atentar contra blancos americanos, israelíes y judíos de la Diáspora potencialmente en todo el mundo. Individuos que no habrían pensado en pertenecer a organizaciones y redes terroristas como Estado Islámico y Al Qaeda podrían atentar como «lobos solitarios» por la causa de Jerusalén. Los mismos terroristas islamistas suníes armados, entrenados y apoyados por EE.UU. y sus aliados (Reino Unido, Francia, Alemania, Turquía, Israel, Arabia Saudita, Qatar, Jordania. Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, la Libia post-Gadafi, entre otros) para cambiar el Gobierno y destruir al Estado Sirio podrían cambiar de enemigo y luchar la yihad, guerra santa, contra EE.UU. e Israel, sus antiguos benefactores.

Y dicha gran coalición de países liderada por EE.UU. para destruir al Estado Sirio apoyando al terrorismo islamista sunita, que incluye al Frente Al Nusra de Al Qaeda, Estado Islámico y Ejército Libre de Siria, se podría terminar de hacer pedazos si, por ejemplo, Turquía decide, por la expresada firme oposición del Presidente Erdogán, nacionalista neo-otomano e islamista sunita, a la decisión de Trump sobre Jerusalén, en llegar a un entendimiento con su hasta ahora enemiga Siria. El objetivo de Ankara sería crear un frente regional para oponerse a los que el Gobierno de Erdogán consideraría como enemigos de los palestinos, del Islam y de Turquía, EE.UU. e Israel. No olvidemos que Palestina y Jerusalén fueron parte del Imperio Otomano hasta 1918, y que la creación del Estado de Israel se hizo posible gracias a la conquista de las mismas por los británicos durante la Primera Guerra Mundial y su subsiguiente ocupación y mandato internacional.

Finalmente, no debe de ignorarse el potencial a que estalle una guerra regional en Siria entre EE.UU. y Rusia. EE.UU. ha estado as pitando como se mencionó antes a grupos terroristas islamistas suníes en Siria contármelo Gobierno de Siria. Para lograr con mayor seguridad la partición de Siria EE.UU. ocupa ilegalmente territorio del noreste de Siria, teniendo varias bases militares ilegales en suelo sirio. Los aviones militares de EE.UU. operan ilegalmente sobre espacio aéreo sirio.

Rusia en contraste apoya al Gobierno de Siria y su intervención militar desde el 30 de septiembre de 2015 salvó a Siria del colapso y derrotó los planes de los americanos de destruirla, en beneficio de Israel, por ser el Estado Sirio enemigo del Estado Judío desde 1948. 

Hace poco se reportó que un avión caza americano de V Generación y de muy baja detección por radar F-22 trató de impedir el ataque de dos aviones de ataque rusos Sujoi Su-25SM contra posiciones del grupo terrorista Estado Islámico en Mayadín, Siria, en el valle del Río Eufrates cerca de la frontera con Irak, acosando a los dos aviones rusos. La aparición de un caza ruso Su-35S de IV Generación modernizado con tecnología de V Generación puso en fuga al F-22 del USAF, que huyó a Irak. Un incidente futuro similar puede estallar en un combate aéreo que puede escalar a una guerra de mayor envergadura.

Y Rusia, comprometida con la defensa de Siria, Irán e Irak, va a producir en masa su nuevo caza de V Generación, el Su-57, que se considera igual si no superior al F-22 y superior en combate aéreo al F-35, el más moderno cazabombardero americano de V Generación y baja detección por radar. Una guerra entre EE.UU. y Rusia al final podría decidir el estatus final de Jerusalén, si Tel Aviv comete el error de entrar en guerra con Moscú y no llegar a una paz justa con Palestina.

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