Carlos Rubén Carrasquillo Ríos
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“Joker” o la burla al tratamiento de trastornos mentales

 La película “Joker” o el Guasón es una crítica al manejo de los trastornos mentales, en un sistema económico injusto y cruel, que vincula los mismos con la pobreza y la criminalidad. Los personajes protagonistas, Arthur y su madre Penny, representan las experiencias de dolor y sangre que algunos perturbados viven cada día. Sin embargo, los espectadores debemos ir más allá de la historia presentada para buscar las raíces y las soluciones a este mal que afecta a más de 450 millones de seres humanos en el planeta (Cortés, 2017).

La historia comienza cuando los trabajadores del Departamento de Saneamiento de Ciudad Gótica decretan una huelga y la ciudad se llena de basura. Esta metáfora nos ubica en el marco sociopolítico de la corrupción. Ahora bien, ¿quiénes son los corruptos? ¿Quiénes son los trastornados mentales? ¿Quiénes son los criminales? ¿Los gobernantes? ¿Los ciudadanos más pobres? ¿Los ciudadanos más adinerados? ¿O son los desplazados, a quienes se les brinca por encima cuando se les encuentra en la calle?

Frente a este caos sociopolítico, Thomas Wayne, el acaudalado millonario, padre de Bruce Wayne (el futuro Batman) se postula como alcalde para Ciudad Gótica. Esto ocurre 30 años después de que la amante de Thomas Wayne, Penny, decide dar a luz a su hijo Arthur, fruto del sexismo patriarcal, más que del amor. En aquel entonces el magnate la despide y le hace creer que no vale un centavo, que sufre de alucinaciones y que su hijo es adoptado. La película destaca este hecho y con esto subraya el poder de este multimillonario sobre las instituciones, al lograr que una mujer con “trastornos mentales” pueda adoptar a un hijo. Esta sería la primera mofa que cronológicamente ilustra la película.

Los trastornos mentales pueden ser genéticos, causados socialmente por variables como el maltrato, la mofa o burla (“bullying“) o una combinación de ambos. Se ha encontrado evidencia científica de daño cerebral tanto en personas maltratadas como trastornadas mentales (Perry, 2017). 

Las sociedades tienden a burlarse de quien es diferente. En el filme, la mofa va más allá de bajarle la autoestima a Penny, quien es buena para ser sirvienta y amante de Thomas Wayne, pero está destinada a quedarse “en la clase baja”. Penny pasó a la fila de la caridad, a expensas de una misiva del todopoderoso multimillonario que nunca llegó. 

Es importante recalcar que no todos los trastornos mentales son genéticos (Notterman, 2016). Muchos son socialmente alimentados por la desnutrición, la burla, el maltrato, los dobles mensajes sociales, la carencia de afecto y, sobre todo, en su momento, la exclusión laboral en la productividad del capitalismo. El ser humano es gregario, necesita sentirse amado y que pertenece (Adler, 2004). Arthur es el mejor ícono de todo lo anterior y el filme recoge todas esas experiencias de desplazamiento, exclusión y marginalidad con una minuciosidad que asombra, por el aparente estoicismo con que el protagonista las enfrenta.

Puede parecer que la película justifica la violencia que desarrolla el Guasón (denominado así por el famoso comunicador Murray Franklyn). Sin embargo, “Joker” es muy certera en ese elemento, pues el maltrato a los demás, sobre todo a los excluidos, es una violencia invisible y legitimada. De otra parte, es pertinente aclarar que científicamente, no es cierto que la pobreza, el trastorno mental, la agresividad y la criminalidad estén siempre entrelazados. Aceptar esta premisa como una verdad es deificar el mito. Esta conclusión es reduccionista en un paradigma científico lineal inexistente (Kuhn, 2012).

“Joker” es portavoz de la lucha por la dignidad de los marginados y trastornados mentalmente. Sin embargo, debo clarificar que cuando la película fugazmente deja entrever que Bruce Wayne se convertirá en Batman, paladín de la justicia en Ciudad Gótica, me entristeció ver que la producción no se atrevió a insinuar que “la lucha sigue…”. El filme no plantea con claridad que ni los narcotraficantes, ni los políticos tradicionales, ni siquiera la comunidad científica, tenemos la repuesta radical para resolver el problema de salud mental con sus repercusiones sociales. Tal vez por eso es que la película cierra con un carnaval.

El autor es Sicólogo Social-Comunitario, Educador y Catedrático asociado de la Universidad de Puerto Rico en Humacao.


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