Antonio Quiñones Calderón

Tribuna Invitada

Por Antonio Quiñones Calderón
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José Carrión, vaquero de nuestros tiempos

Observando al procónsul de designación congresional para el territorio de Puerto Rico, José Carrión, poniendo en duda los ahorros en el gasto público detallados en el presupuesto sometido por el gobernador Ricardo Rosselló y aprobado por la Asamblea Legislativa –avalado además por el grupo interventor que él preside–, vino a mi mente una serie de vaqueros que se exhibía semanalmente en aquel tan recordado Teatro Añasco; sí, hace siglos, y con entrada de tres centavos en el matiné y ocho por la noche.

Era la tan esperada serie del invencible vaquero Hopalong Cassidy creado por Clarence Mulford, y su famoso caballo blanco. Cassidy no perdía una, pero no por arte del estudio de las circunstancias, de los contextos alrededor del drama que protagonizaba: él se dejaba llevar por sus “corazonadas”. Cuando todo parecía perdido para el mítico Hopalong y los muchachos nos aferrábamos a la butaca temiendo el fin trágico de nuestro héroe, él nos daba el aliento que necesitábamos con su constante frase: “tengo una corazonada”, que lo llevaba a superar la derrota que parecía enfrentar ante el enemigo. José Carrión es el mítico Hopalong Cassidy de nuestros tiempos.

Las “corazonadas”, sin embargo, solo se dan en las películas.

Holpalong Carrión tiene ahora una “corazonada”: la de que los largos días de análisis, estudios, recopilación de datos históricos, reconocimiento de la experiencia de muchos años de decisiones erróneas y de los escenarios actuales, evaluación de los datos producto de la nueva gobernanza fiscal en ejecución por la actual administración, y la aprobación de legislación de avanzada para ir superando la severa crisis que dejó en el plato la anterior administración, no van a servir de nada. Se lo dice su “corazonada”.

Pero, el dato cierto es que el presentimiento, el presagio ni la telepatía pueden ser componentes de planificación ni de ejecución de planes e implantación de mecanismos en la elaboración de presupuestos y métodos fiscales en el gobierno, como tampoco en el sector privado. Para el éxito de ejercicios fiscales, como en los de ventas y ganancias en la empresa privada, lo sabe el procónsul, el ejercicio que vale es el de los P&L, o sea, los profit and loss, como mejor debe entenderlo él.

Pero el señor Carrión ha decidido que el gobernador tiene que reducir la jornada laboral a los empleados públicos, sin aportar la más leve pizca de evidencia que sostenga su pretendido ucase al más alto funcionario elegido por su pueblo.

Es que Mr. Carrión tiene una “corazonada” que le dice que los ahorros en el gasto del gobierno incluidos en el Plan Fiscal y en el presupuesto que su misma Junta avaló, no se darán. Pero, todo sea dicho, el presidente de la Junta de Control Fiscal (una Junta “impuesta y antidemocrática”, ha aceptado él) tiene todo el poder del mundo para intentar retar el ejercicio fiscal realizado por gobernador y su equipo de trabajo. Lo faculta la mentada Junta, establecida por la ley federal PROMESA, la más reciente y más burda expresión del flagrante coloniaje que representa la actual condición de inferioridad política en que se halla Puerto Rico, alias “Estado Libre Asociado”.

Desde luego que, debido a esa condición política, no había manera de parar al Congreso en el ejercicio inconsulto de sus plenos poderes políticos sobre el territorio puertorriqueño, que lo descargó autorizando a siete personas quienes, sin haber recibido un solo voto, amanecieron con poderes que van por encima de la misma constitución de gobierno local. No se pudo hacer nada; esa es la condena de los colonizados.

Hay algo que, sin embargo, puede hacerse, y es lo que, ha anticipado el secretario de la Gobernación, Ramón Rosario: desacatar a la todopoderosa Junta de Control Fiscal echando al canasto que corresponde su pretensión de reducir la jornada (y en consecuencia los ingresos) de miles de jefes de familia y dejarlos sin su bono de Navidad. Y enfrentarla en los tribunales, que de una ojeada ni siquiera exhaustiva determinarán que la susodicha junta puede recomendar, pero no obligar. Como las estrellas.

En ese enfrentamiento, la administración deberá contar con el respaldo de todo el pueblo, incluyendo populares e independentistas. A menos que se juyan otra vez.

¡Mientras tanto, vaya bajándose Hopalong Carrión del caballo blanco! ¡Estamos en el siglo 21!

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