Juan Dalmau

Tribuna Invitada

Por Juan Dalmau
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José Martí y Puerto Rico

El pasado sábado la senadora María de Lourdes Santiago presentó la biografía sobre José Martí, titulada “Cesto de llamas”, del escritor e historiador cubano Luis Toledo Sande. Decía María que “es de brillo distinto la luz de José Martí”. La publicación biográfica sobre el apóstol de la independencia de la hermana isla de Cuba es un recordatorio de la pertinencia del pensamiento martiano en la causa de la independencia de Puerto Rico.

Nos enseñó Eugenio María de Hostos que la gratitud es deber patriótico. Los puertorriqueños debemos gratitud a José Martí. Su antillanismo lo llevó a apoyar nuestra independencia en el siglo XIX. En el Comité Revolucionario Cubano se hermanaron boricuas y cubanos en la lucha por la liberación de ambos pueblos del yugo de España, siendo Ramón Emeterio Betances delegado del Comité en París.

Hoy su pensamiento antiimperialista y de solidaridad latinoamericana aflora en una América Latina que ha despertado en su identidad propia frente a otro imperio: Estados Unidos. Se creó la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) para la defensa y progreso común de la región. Y, basados en el ideario de Martí, existe conciencia que los países de América Latina no podrán reclamar su independencia plena hasta que Puerto Rico sea libre.

Es por eso que en la Cumbre de CELAC celebrada el pasado enero se aprobó por unanimidad el reconocimiento de Puerto Rico como país latinoamericano, el reclamo de que se cumplan las resoluciones aprobadas por el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas a favor del derecho a la libre determinación e independencia de Puerto Rico y el mandato a la presidencia del organismo a impulsar que la Asamblea General de la ONU examine en todas sus dimensiones el caso de Puerto Rico.

Esa solidaridad que ha manifestado la América Latina con la causa de nuestra independencia fue presagiada por Martí cuando escribió: “Hagamos por sobre la mar a sangre y cariño lo que por el fondo de la mar hace la cordillera de fuego andino”.

En Puerto Rico, los principios antiimperialistas se afirmaron en el pasado plebiscito. La mayoría de nuestro pueblo, en una votación histórica, repudió el régimen colonial de Estados Unidos. Ese repudio al ELA colonial fue una afirmación de honor y dignidad.

Ahora nos corresponde confrontar a Estados Unidos con la situación colonial de Puerto Rico. Para ello, el Partido Independentista Puertorriqueño ha presentado una propuesta de Asamblea de Status en el Senado de Puerto Rico. No obstante, aún no se han llevado a cabo vistas públicas y el gobernador parece haber renegado de su palabra empeñada en campaña y en su programa de gobierno de convocar una Asamblea de Status. De ser así, pagará un alto precio electoral.

Independientemente de la determinación que tome esta administración con respecto a encaminar un proceso de descolonización, a los independentistas nos corresponde insistir y presionar para crearle una crisis política a Estados Unidos. Al mismo tiempo debemos continuar fortaleciendo nuestro instrumento de lucha y darle una opción de gobierno distinto al pueblo puertorriqueño. Todo ello inspirados en la doctrina martiana de “hacer en todo momento lo que en cada momento es necesario”.

Ya lo dijo Gilberto Concepción de Gracia en homenaje a Martí: “A Martí hay que honrarlo con hechos, con militancia cívica, con ardiente devoción a su doctrina. A la sombra austera de José Martí precisa decirle la verdad, toda la verdad. Y la verdad máxima es que el ideal de independencia está vivo en la conciencia del pueblo puertorriqueño. Y la verdad transitoria, que vivimos una hora de crisis espiritual”. Honremos a Martí. Ante la crisis, la independencia es la única opción.

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