José Sánchez Acosta

Punto de Vista

Por José Sánchez Acosta
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José Sánchez Acosta: ¡claro que duele!

Me preguntan si me siento mal luego de que la gobernadora Wanda Vázquez retiró abruptamente mi nombramiento como secretario de Asuntos Públicos.  Algunos ni preguntan; solo me brindan la mueca universal de la pena, esa que se hace apretando los labios y mirando con compasión.  Noto la sorpresa cada vez que respondo que no tengo coraje con nadie, pero lo digo con honestidad.  Quizás, por la madurez de los años o quizás porque hace un tiempo evito crear expectativas para autoprotegerme de las curvas.

Pero no he perdido sensibilidad.  ¡Claro que duele!  ¿Cómo no?  No todos los días te contacta un gobernante para auscultar tu disponibilidad para ocupar un puesto de envergadura en la administración pública, solo para ser descartado en menos de 48 horas.  No todos los días te piden que cierres tu oficina y renuncies a todas tus fuentes de ingreso, solo para exponerte al más ruin de los ataques.  

Lo cierto es que me entusiasmé mucho con todas las posibilidades y hasta me visualicé dándole un giro diametral a la gestión gubernamental.  Iluso yo.  La idea de ser parte de la administración de una gobernadora que ostenta el puesto sin deberle favores a nadie, todavía me hace salivar.  A riesgo de la quijotada, lo vi como una gran oportunidad para reescribir la misión del gobierno: servicio y transparencia sobre todas las cosas.

Si bien no esperaba una recepción de aplausos, lo cierto es que tampoco esperaba el ataque virulento de algunos líderes del PNP y dos o tres de sus usuales arrimados por conveniencia.  Jamás pensé que un partido político que debe su existencia misma al disenso y a la libertad de expresión, se fuera a afanar con tal obsesión en excluir a alguien precisamente por ejercer esos derechos.  

Pero mis expresiones no debieron ser sorpresa para nadie.  Después de todo, llevo casi 20 años pensando en voz alta y sin reservas.  No obstante, horas después de haber comunicado mi nombramiento, ya era evidente que me había convertido en un difícil dilema para la gobernadora: si lo dejo me tildan de traidora y se me complica el panorama primarista, y si lo boto pensarán que estoy sometida a la voluntad dictatorial del presidente del Senado.  No estaba fácil.  Por ahora, le dejaré al tiempo evaluar su decisión.

Por supuesto, me queda la duda… ¿Cuál de mis expresiones habrá provocado tanta ira en el presidente del Senado y el PNP?

Sería…

1.  cuando le critiqué por dirigirse a la Srta. Matosantos como el Sr. Matosantos, en lo que consideré una absoluta falta de respeto; o

2.  cuando le critiqué por abrir una oficina del Senado en Washington, DC, sin importar las prioridades de un país en quiebra, y de la cual no conocemos ni un solo logro; o

3.  cuando le critiqué por procurar el despido y procesamiento criminal de la gobernadora cuando era secretaria de Justicia, solo por el hecho de que había osado dar paso a la investigación de empleados/contratistas fantasmas en el Senado; o

4.  cuando puse en duda que no supiera nada de los delitos por los cuales su director de Asuntos Gubernamentales y dos contratistas se declararon culpables (en el crepagate); o

5. por las veces que he criticado su soberbia y prepotencia

¿Cuál de estas fue el detonante de la ira? ¿Son estos los postulados de política pública que el PNP entiende que no cumplo?  ¿Cuál de estas expresiones me descalifica?

Díganme, no me dejen con la duda.

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