Jaime E. Picó

Tribuna Invitada

Por Jaime E. Picó
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Junta colonial

D e aprobarse el borrador del proyecto de ley circulado recientemente por el Congreso que propone establecer una Junta de Control Fiscal Federal con la función primordial de administrar el presupuesto de Puerto Rico tal y como está, Alejandro García Padilla pasaría a la historia como el último gobernador electo en la Isla. A pesar de que atrás habían quedado los años en los que Estados Unidos nombraba e imponía el gobernador de Puerto Rico, los amplios poderes que tendría la Junta de Control tienen el efecto práctico de despojarnos de la libertad de elegir a nuestros gobernantes.

De hecho, el establecimiento de una Junta de Control tendría el efecto práctico de enmendar la Ley 600 que le reconoció a Puerto Rico el derecho a autogobernarse. Más aún, la mera intención de establecer una Junta de Control ha disipado toda duda sobre nuestra condición colonial y del poder inherente del Congreso sobre la Isla.

En tanto se nos imponga una Junta de Control que decida cómo Puerto Rico debe conducir la administración de la cosa pública, se vulnera nuestra autonomía. Puerto Rico es capaz y tiene el derecho fundamental e inalienable de administrar su propio presupuesto. ¿Qué poder realmente ostenta un gobernador sin control sobre cómo sufragar la gestión pública? Ninguno. Aunque no gocemos de una administración perfecta, la experiencia la rectificará o tendremos el gobierno que elijamos, pero nunca debemos ser súbditos del Congreso.

La Junta de Control será para nosotros un momento de rubor que nos mantendrá cautivos de la merced de sus miembros que no serán nombrados por absolutamente nadie que haya sido electo por nosotros. En adelante, el ejercicio del gobierno recaerá en personas que no fueron electas por el Pueblo y que no sabemos a qué intereses responden.

En fin, la Junta de Control le arrebata al pueblo de Puerto Rico su derecho al gobierno propio, y nos retrotrae a la era de la tiranía con un gobierno impuesto sin el consentimiento de los gobernados. Ello, claro está, es la consecuencia natural del coloniaje y constituye una consolidación del poder imperial sobre la Isla.

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