José Curet

Tribuna Invitada

Por José Curet
💬 0

Junta y sueños: Juntos y revueltos

En esta época, es decir, la era de la Junta, la incertidumbre se ha instaurado, apoderándose del discurso público y privado. Ni el mensaje del gobernador ante la Legislatura, por más optimista en tono que pretendiera ser, pudo aclarar del todo el panorama para varios economistas, entrevistados en este diario; casi unánimemente expresaron sus reservas en cuanto a las proyecciones reales de las medidas anunciadas.  El plan seguirá en planes, y como dicen, del dicho al hecho va ir un buen trecho. Y así la incertidumbre seguirá reinando en  nuestros días, y también en nuestras noches, desarropándonos del sueño, como me sucedió un domingo recientemente.

Sería poco antes de las seis de la mañana. Con el canto del gallo despertándome, pensé que a esa hora también se estarían levantado algunos trabajadores desarropados ahora tras haberse eliminado la ley de cierre. La reforma laboral, tampoco los cobijaría como antes en caso de enfermedad, y sus vacaciones también se reducirían.  En medio de mi sueño interrumpido, en vez de contar ovejas, me dio por calcular cuantas horas más tendrían que  pasar trabajando los domingos para compensar el salario anterior, eliminada ahora también  la paga doble.  Me eludían los cómputos matemáticos, mientras en medio del sueño interrumpido me asediaron imágenes lejanas de algunas novelas y cuentos.

Había vuelto a releer recientemente la clásica novela de Herman Melville, Moby Dick.  La ballena blanca seguía cebándose descontroladamente y haciendo estragos en los mares. En el barco Pequod, la junta de la tripulación, capitaneada por Ahab se había propuesto ponerle fin a aquel monstruo marino. Además de sus razones personales, como le recordaba su pata de palo (perdida su pierna en un enfrentamiento anterior), lo guiaba también el deseo de frenar el descontrol e imponer seguridad en altamar. Envuelto entre las sábanas, recordé un famoso pasaje donde Ahab instruía a su tripulación sobre cómo actuar al avistar la ballena;  justo  antes de lanzar el arpón les decía: “ustedes le cantan”.  En mi duermevela, las imágenes se trocaron y la ballena vino a ser nuestra enorme deuda. Y aquella tripulación me pareció ser ahora otra junta.

Justo antes del domingo de mi desvelo y para aquellos mismos días, se había publicado un reportaje sobre la creación de un comité ( task force, decían)  para reactivar la economía local.  Y entre aquellas mismas noticias, en la sección de Perspectiva, también aparecía publicada una columna del presidente de la Junta de Control Fiscal, proclamando a los cuatro vientos su patriotismo. Y todos aquellos recuerdos ahora se mezclaban y se me confundían, entre el canto del gallo y aquellos otros cantos de sirena para atajar esa otra ballena, nuestra enorme deuda.

Y antes de que el gallo volviera a cantar, también recordé otra noticia leída esa misma noche, poco antes de acostarme. Se anunciaba que la nueva Secretaria de Educación, Julia Keleher, no devengaría salario por ese puesto; pero solapadamente se informaba que ocuparía, otro cargo, dirigiría también la recién creada Autoridad para la Asesoría Financiera y Agencia Fiscal(AAFAF).  Aquel habría de ser ahora el brazo que implementaría en su momento todos los recortes, el arpón, decretado por la Junta.

Y como los recuerdos nunca vienen solos, se me cruzo entre sueños otra imagen narrada por el maestro del misterio, Edgar Allan Poe. En su relato El  jugador de ajedrez  de Maelzel, describió un incidente real que conmovió las sociedad  europea del siglo dieciocho. Un maniquí, accionado por ondas mentales movía las piezas de un tablero y vencía siempre a sus oponentes. Antes de descubrir que tal misterio era solo un engaño, pues escondido tras bastidores una persona movía aquel maniquí, en la imaginación popular todo aquello siguió siendo un misterio, el brazo accionado a distancia(BAD).  Y esa imagen, la de la fuerza tras el brazo, la cual incluso llegué a citar y utilizar en uno de mis novelas, volvía a aparecer ahora en el sueño. Y al amanecer, con los primeros destellos del sol, creí ver más claramente lo que las apariencias parecían ocultar.

Otras columnas de José Curet

💬Ver 0 comentarios