Manuel G. Avilés Santiago
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Juventud interrumpida

Daniel, Josephine, y Benjamin tendrían hoy entre 13 y 14 años si sus vidas no hubiesen sido arrebatadas en la matanza acontecida en la escuela elemental Sandy Hook en 2012. Ya convertidos en jóvenes, estarían quizás ensayando para el musical de su escuela, organizando el baile de su clase, e incluso, planificando sus carreras universitarias.

En esos menesteres se encontraban Gina, Martin y Jaime, cuando perdieron sus vidas junto a otras 13 personas en una escuela superior en Florida este 14 de febrero.

Una vez más somos espectadores de otra matanza cuyo ciclo de vida ya conocemos: el atroz suceso, la búsqueda del criminal, el conteo y biografía de víctimas, la inacción política y, eventualmente, el olvido (hasta que un próximo evento supere al anterior).

Algunos expresamos nuestra indignación en las redes compartiendo las fatídicas estadísticas; otros envían sus oraciones y condolencias en “tweets”. Acciones que, aunque bien intencionadas, suelen perderse en el abismo de algoritmos del ciberespacio.

Cuando sucedió la masacre de Sandy Hooks pensé, si no se movilizan con la muerte de -en su mayoría- niños entre cinco a siete años, sería muy improbable lograr algún tipo de legislación. Y así fue. Desde entonces se han replicado matanzas en escuelas, universidades, cines, discotecas, conciertos e iglesias y aún así, no ha habido una acción política organizada para legislar el acceso a armas. Sin embargo, veo una dinámica distinta articulándose a raíz del más reciente suceso.

Más allá de las voces tradicionales que critican -o racionalizan- la inacción política, se articula una voz juvenil que, al unísono, ha trascendido el discurso de victimización y ha logrado redirigir el discurso mediático. Como la estudiante Sarah cuyo “tweet” dirigido al presidente Trump se ha convertido en un reclamo contundente para exigir menos oraciones y condolencias, y más acciones y propuestas en torno al control de armas.

Mientras los políticos dicen que es temprano para debatir sobre el tema, los estudiantes sobrevivientes están comprometidos a mantener vivo del debate, convertirse en agentes de cambio y honrar la memoria de aquellas juventudes interrumpidas que vieron truncadas sus vidas irónicamente un día designado para celebrar el amor y la amistad.

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