Raymond Dalmau

Punto de Vista

Por Raymond Dalmau
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Kobe: la personificación de la excelencia

No se supone que las personas mueran tan jóvenes, pero cuando la muerte ocurre a los 41 años pasa a ser mucho más sentida, sobre todo si la persona, como es el caso de Kobe Bryant, es un atleta ampliamente reconocido en todo el planeta. 

Cada cierto tiempo ocurren cosas como estas, muertes inesperadas de atletas en la plenitud de sus vidas, gente muy significativa en la vida de muchos, especialmente en la de personas con aspiraciones de hacer grandes cosas en algún aspecto de la vida. No es simplemente que Kobe haya sido uno de los mejores baloncelistas en la historia de la NBA, es que su valía como atleta ha trascendido todos los segmentos poblacionales y todas las fronteras en la Tierra

Kobe Bryant fue un gran baloncelista. Con 20 temporadas jugando únicamente para los Lakers de Los Angeles, en las que promedió 25 puntos por juego (en diez de ellas con más de 25 puntos y en 2005-06 con 35.4) y que hicieron que hasta el sábado pasado estuviese posicionado como el tercer mejor anotador en la historia de la NBA, Kobe Bryant se convirtió en una leyenda. 

Kobe se destacó por su entrega, por su continua búsqueda de la perfección. Siempre quiso ser la personificación de la excelencia. Con su talento natural para el juego y una disciplina de entrega a ese deporte él representaba tanto lo mejor como baloncelista como lo mejor en la aportación que hizo como atleta antes y después de su retiro.

Y con eso, tal vez sin proponérselo, Kobe motivaba a todos cuantos querían llegar al máximo de su potencial.  En los años en que mis hijos jugaban baloncesto de primera categoría y en el BSN, Kobe era uno de aquellos inteligentes y feroces jugadores en la cancha a quienes ellos imitaban para mejorar el juego. Del mismo modo que en mi época de desarrollo también tuve mis propios modelos que me impulsaron a mejorar mi juego, para mis hijos, Kobe era un modelo ideal a seguir. Ellos lo admiraban y él los motivaba desde las canchas en que jugaba y ellos podían ver por televisión.

Y si el mundo se ha estremecido no es solo por el hecho de su partida temprana y sorpresiva; sino también por la agenda inconclusa que deja. En esta etapa de su vida, Kobe Bryant se había dedicado a la divulgación de los conocimientos que había adquirido en sus dos décadas de jugador profesional. Estaba promoviendo el baloncesto femenino, al mismo tiempo que dirigía los entrenamientos de su hija de trece años, también fallecida con él en el accidente aéreo, a quien la crítica deportiva le auguraba una futura carrera exitosa en el tabloncillo. Aparte de esto, mantenía una academia a donde iban los jugadores de la NBA interesados en mejorar su calidad de juego aprendiendo de uno de los mejores cuatro o cinco jugadores del mundo.

Me siento muy triste y consternado, sobre todo, profundamente abatido por la gran pérdida que hemos sufrido, por esta inesperada partida deun atleta ejemplar, de un extraordinario ser humano que, como dice la canción, nos “deja un espacio vacío”.


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