Edliné M. Morales Gómez

Punto de vista

Por Edliné M. Morales Gómez
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La actividad física, prevención ante los efectos del distanciamiento

Actualmente, el mundo entero se encuentra sumergido en una crisis debido a la pandemia del COVID-19. Todos hemos sido afectados por el distanciamiento social al incorporarlo en nuestras vidas para evitar el contagio. Este distanciamiento nos ha privado de ver a familiares, ir a trabajar y realizar las actividades de la rutina diaria.

El efecto del distanciamiento social ha trascendido todos los límites, incluyendo el sector económico, social y la salud física y emocional de cada individuo. Un estudio realizado por Samantha Brooks y otros colaboradores demostró que personas en cuarentena reportaron problemas de salud mental, que incluyen estrés, problemas de insomnio, económicos y temores de infección, entre otros. Probablemente, todos en algún momento nos hemos sentido así e incluso hemos estado sin ánimos para hacer cosas, adoptando ciclos viciosos de sedentarismo, mala alimentación e inactividad física. 

La Organización Mundial de la Salud (por sus siglas, OMS) ha reportado que la inactividad física es una de las causas principales de las enfermedades crónicas en la población. La situación que estamos viviendo puede favorecer la inactividad y facilitar el desarrollo de alguna de estas condiciones. Por tal motivo, es de suma importancia reconocer los cambios que se estén dando durante el distanciamiento, para evitar caer en comportamientos dañinos a nuestra salud.

Es imperativo que usted tome las medidas necesarias para evitar contagio, pero a la misma vez, es importante que cuide otros aspectos de su salud y la de los suyos. Como medida preventiva y para combatir los posibles efectos negativos del distanciamiento podemos realizar actividad física. La OMS considera actividad física como cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que exija gasto de energía. También es parte de esto el poder realizar ejercicios que consisten en un movimiento corporal planeado, estructurado y repetitivo para mejorar la condición física. Por lo tanto, les exhorto a todos a mover “el esqueleto” en la medida en que sus capacidades físicas lo permitan. 

Muchos expertos han recomendado adoptar medidas que faciliten constante movimiento, aun estando en sus hogares. Existen recomendaciones mundiales sobre la actividad física para la salud. Los niños y adolescentes deben realizar 60 minutos o más de actividad física al día. Los adultos deben hacer mínimo 30 minutos al día o 150 minutos a la semana y pueden hacerlo en diferentes intervalos de tiempo. Los adultos mayores de 65 años o más también pueden hacer un mínimo de 30 minutos al día según tolerancia, pero deben trabajar la movilidad y el balance para prevenir caídas. Bajo las circunstancias actuales, usted en su hogar puede: hacer tareas domésticas, calentamiento y estiramiento, bailar, utilizar latas, paquetes de arroz o botellas de agua para simular pesas, caminar dentro de la casa o enel patio, trabajar en el jardín, hacer ejercicios con su propio peso y ejercicios funcionales (“push-ups”, “squats” o sentadillas). 

Al final del día, si usted decide incorporar la actividad física en su vida, obtendrá beneficios que ayudarán en su salud, tanto física como emocional. Se sentirá más activo y feliz, podrá dormir mejor, reducirá el riesgo de padecer de otras condiciones, fortalecerá sus huesos y músculos, mejorará la resistencia muscular y cardiopulmonar, y la flexibilidad. Es importante que antes de realizar una rutina de ejercicios consulte con su médico y siga las recomendaciones de los profesionales de la salud. De esta manera, verá que su cuerpo se lo agradecerá y podrá despejar su mente de todo lo que estamos viviendo.

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