Eudaldo Báez Galib

Tribuna invitada

Por Eudaldo Báez Galib
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La adicción a la mentira en la democracia

La adicción a la mentira está siendo la gran debilidad de la democracia. Especialmente la nuestra, ya agravada con deficiencias propias. Si la voluntad del pueblo en la democracia es la fuente del poder público, entonces, es el pueblo, como votante, el responsable de su gobierno. Lo que le obliga a conocer y a entender, para poder decidir. Ese derecho a conocer la verdad viene protegido por el de libre expresión, de reunión y de prensa. 

Las 2,140 mentiras del presidente Donald Trump durante su primer año, auditadas por The Washington Post, abrió el debate. La premiada Pulitzer, de The New York Times, Michiko Kakutani, afinó la discusión con “The Death of Truth” (Duggan Books, 2018). Plantea que la verdad objetiva disminuye cuando se aplaude la opinión por sobre el conocimiento y los sentimientos por sobre los hechos.

Esta era de “noticias falsas” y “verdades alternas” arropa naciones. Una teoría es que se alimentan de la insatisfacción ciudadana y la fácil difusión de información, de cualquier calidad, en los medios sociales. Lo aprovecha el fundamentalismo, el nacionalismo-aislacionista y los adversos a la democracia, que usualmente están arrinconados por la “verdad-verdad”.

Puerto Rico comparte esa adicción mundial. Solo que no es de provecho para aquellos, porque aquí lo “falso” o “alterno” no busca un acomodo filosófico, sino “poder”.  Nuestro electorado es tan ajeno a la verdad -verdad que sucumbe al mercado del miedo, con un analfabetismo cívico tal que cree lo que la evidencia desmiente. Esa deficiencia es astutamente manejada por esos mercaderes del poder—político o económico—.

Para muestra aleatoria recordemos lo “falso” y “alterno” de la información post María y los varios incidentes éticos. ¿Y qué del estatus? Mercancía más preciada de la política. Ni la estadidad, ni la independencia ni el autonomismo en sus varias modalidades, son lo que realmente se dice son, ni se resolverá cuando se dice.

Entendamos honestamente que no estamos votando a favor de ideas porque nuestro sistema está diseñado para votar por envolturas; y si no nos educamos en lo que nos afecta, abdicaremos el control, arriesgándonos a que nuestra democracia sea secuestrada por demagogos. (Kakutani)

En fin—si no somos la excepción a esta opinión de Lincoln—hay esperanza: “Se puede engañar a todas las personas algunas veces, y a algunas personas todas las veces, pero nunca a todas las personas todas las veces”.

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