Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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La AEE, el botín agotado

El caos en la Autoridad de Energía Eléctrica, como bien sabemos, no data de hace pocos meses, ni ha estallado con el huracán, o, más recientemente, con la partida de los miembros presuntamente independientes de la Junta de Gobierno, sino que se forjó en décadas de abuso, corrupción y desfalco.

No hay un solo exgobernador, ni un solo legislador con más de un término en el antro capitolino, que no haya tenido que ver, directa o indirectamente, por acción u omisión, con el hundimiento y el destino imposible de la corporación, hoy arruinada.

A los que renunciaron a la Junta de Gobierno de la AEE, hace unos días, cuando el gobernador le denegó el salario de casi un millón al flamante director que habían nombrado, Rafael Díaz Granados, les gustaría pensar que “después de mí el diluvio”, pero en verdad, el hecho de que se hubieran quedado en sus puestos no iba a cambiar las cosas.

Energía Eléctrica ha sido una bola de intrigas, chantajes, latrocinio y especulación durante años. Con toda impunidad, y con el beneplácito de una administración tras otra, más la dejadez de los sindicalistas, a los que contentaban con beneficios cada vez mayores para que no paralizaran la empresa.

Díganme si es normal que el mismo hombre que estuvo a cargo de las finanzas de la campaña electoral del gobernador de turno, se convirtiera luego en el presidente de la Junta de Gobierno de la corporación. ¿Alguien se imagina, simplemente, los compromisos que pudo haber contraído esta persona mientras buscaba apoyos para que Rosselló ganara?

Hoy en día, existen en el país muchas fortunas que se levantaron a expensas del bolsillo de los abonados. Y resulta que ocurrió algo tan común como que se cruzó el punto de no retorno. El nivel de deterioro moral ha llegado demasiado lejos.

¿Que siempre ha sido así? Bueno, tal vez es por eso que a pesar de todas las movidas de última hora, de los buenos propósitos, y de los ruegos del gobernador, la Autoridad esté al borde de una sindicatura.

Cuando este diario publicaba, el pasado jueves, que La Fortaleza le habría pedido a Walter Higgins que separara de sus puestos a cualquier empleado de confianza que pudiera tener vínculos con el presidente del Senado, según cuatro fuentes con las que habló la reportera, lo que más debió llamar la atención no es la sed de venganza. Al fin y al cabo, las pataletas son propias de los caldos rastreros en que se mueve un gran número de asesores del gobierno, casi siempre intrigantes, envidiosos o torpes. Lo que debió escandalizar a todo el mundo es la cantidad de empleados de confianza que puede haber dentro de esa corporación, arracimados en torno a la figura política que procuró su nombramiento, y plenamente distinguibles, identificables: los de Rivera Schatz, aquí; los de fulano, allá; los de sutano en la otra esquinita.

Son como pequeñas tribus con sus propias lealtades. Sus misiones específicas de obstaculizar o facilitar un plan. De que una cosa fracase, y la otra tenga éxito. No pueden tirar juntos para el mismo lado, porque de la división y del enfrentamiento depende su supervivencia. Eso es la Autoridad de Energía Eléctrica. Se me dice que hay muchos de esos “recomendados”, en puestos de oficina, que ganan $35 o $40 la hora, y casi todo el tiempo están mirando el teléfono.

La visita del secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, no fue ese interludio risueño que nos han querido presentar. Para eso, el funcionario no se toma el trabajo de hacer escala en la isla, bajarse en Isla Verde, trasladarse hasta La Fortaleza, y sentarse frente al gobernador. Allí presuntamente se produjo un tirón de orejas contundente, y se leyó una cartilla de las mejores que se deben haber leído en los últimos años en la Mansión Ejecutiva, lástima que no estuviéramos oyendo por un huequito. Se dice que hubo un recordatorio especial de que el Tesoro va a poner mucho dinero en esto. Respaldará en gran parte la transformación de la AEE, y el control de todo ese proceso lo quieren tener ellos en Washington. Por las razones que sean, incluso porque, como ya dije en una columna anterior, el mercado de los hidrocarburos está determinando factores geopolíticos y financieros en el mundo entero. Y nosotros, aunque no lo parezca, somos parte del mundo.

Debe saber la opinión pública que si esos fondos que van a invertirse en la corporación, no llegaran a entrar a tiempo, o en la cantidad que se necesita, aquí no hará falta un huracán para que nos quedemos a oscuras. La famosa auditoría para la que andan pidiendo dinero por ahí, va a tener que hacerse a la luz de las velas. Y a fe mía que en la Autoridad de Energía Eléctrica sí debió hacerse una auditoría profunda, hasta el fondo del cucarachero. Pero no ahora. Ahora es tarde.

Ese es el concepto que cuesta más trabajo captar: demasiado tarde. Demasiados gobernadores tirándole el paquete al siguiente. Demasiada condescendencia con algunos que caían mejor que otros. Demasiadas promesas. Demasiada gente contratada para que no hiciera bulla. Demasiado espejismo. Demasiado silencio.

Compruébenlo. Miren un momentito atrás.

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