Osvaldo Carlo

Tribuna invitada

Por Osvaldo Carlo
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La agenda de Trump en Puerto Rico sobre corrupción y política

El presidente de los Estados Unidos es el responsable de establecer la política pública y las prioridades de las distintas agencias del gobierno federal. Entre las agencias federales responsables de poner en ejecución las prioridades presidenciales se encuentra el Departamento de Justicia Federal. 

Combatir la corrupción pública en Puerto Rico es una prioridad del Departamento de Justicia federal que, para Donald Trump, cobra un significado especial y genera un particular interés político. Esto como consecuencias de las expresiones del presidente sobre el problema de la corrupción en Puerto Rico. 

Todo comenzó cuando la prensa nacional cuestionó el número de muertes luego del paso del huracán María y el gobierno local inició el proceso de corregir las estadísticas sobre el número de muertes. Comienzan a aflorar entonces alegaciones de que el desastre provocado por el huracán, en término de perdida de vidas, era uno de proporciones mayores, que el presidente había minimizado el mismo durante su visita a la isla, y que el gobierno federal no estaba empleando los recursos necesarios para lidiar con la crisis humanitaria. Entre los ataques al presidente, tanto de parte de la prensa como de líderes demócratas, se encontraba el discrimen contra la isla. 

El presidente comenzó a defenderse de los ataques, sobre la manera ineficiente en que el gobierno federal manejaba la crisis post María, tildando al gobierno y a los políticos locales de ineptos y corruptos. 

El tema de la corrupción pública en Puerto Rico ha sido traído por el presidente en múltiples ocasiones. En un tuit del primero de abril de este año, en el que se oponía a la asignación de fondos adicionales de desastre para la isla, Trump señaló que la gente de Puerto Rico es estupenda (“great”) pero que “sus políticos son incompetentes, corruptos, no pueden hacer nada bien, el lugar es un desastre y nada funciona”. 

La forma poco eficiente en que la administración Trump asistió a la isla luego del paso de María, las dilaciones en hacer llegar ayuda necesaria al país, la lentitud, tanto FEMA como del Cuerpo de Ingenieros en restablecer servicios esenciales, la burocracia establecida para el desembolso de dineros necesarios para la reconstrucción del país, la lentitud federal en realizar desembolsos ya aprobados para la isla, la oposición a la ayuda adicional que el Congreso aprobó para Puerto Rico, el minimizar la crisis durante su visita a la isla y las imágenes del lanzamiento de rollos de papel a residentes del país, seguramente formará parte de la campaña demócrata presidencial en las elecciones que se avecinan.

Comenzando con la campaña de 2016, la oposición política de Trump lo ha tildado de racista y de discriminar contra los latinos. Sin embargo, Trump reconoce la importancia del voto latino. Esto lo demostró recientemente cuando inauguró su campaña de reelección en un área de laFlorida con gran concentración de latinos. 

Parte del esfuerzo de Trump para ganar el voto latino tiene que incluir la justificación de su política migratoria en la frontera con México y el trato brindado a los residentes americanos de Puerto Rico luego del paso de María. Aquí es donde las prioridades en el área de justicia criminal federal y la política se mezclan.

La mejor justificación que Trump puede brindar a la deficiente respuesta federal al desastre de María descansa en el éxito de las investigaciones sobre corrupción pública que se llevan a cabo en la isla. Lograr radicar acusaciones de corrupción contra importantes figuras políticas de Puerto Rico representa una justificación para las alegaciones de Trump de que la corrupción es responsable de la pobre infraestructura en la isla. También justificaría las dilaciones en los pagos, la burocracia extrema para la aprobación de los desembolsos de fondos de desastre y hasta la oposición a la aprobación de fondos federales adicionales de desastre. Trump pasaría de ser el “grinch” que se robó la Navidad al héroe que adelantó la lucha anticorrupción en Puerto Rico.

Lamentablemente para la isla, el problema de corrupción pública es real, recurrente y omnipresente en nuestra realidad histórica. Debido a esto, quizás Trump tenga servida en bandeja de plata la justificación para las deficiencias federales a la respuesta post María y, además, su argumento de campaña para responder a los ataques demócratas.

¡Ojalá Trump se quede “puyú”… pero lo dudo!

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