Benigno Trigo

Punto de vista

Por Benigno Trigo
💬 0

La Bestia del coronavirus

Todos los días me levanto y lo primero que hago es prender la computadora para ver la curva de casos confirmados de COVID-19 en la página de Johns Hopkins. La curva ascendente tiene casi noventa grados. Es amarilla-canario sobre un fondo negro. Me recuerda el vuelo de un cohete en la oscuridad, o el viaje de un punto de luz que sube y sube hacia la nada. 

La curva del COVID-19 va como un tren a toda máquina, y no sabemos cuándo parará. La máquina va descarrilada, no tiene conductor. Sube una montaña llevándonos a cuestas. No podemos ver la luz al final del túnel. Solo vemos trazos, pedazos, fragmentos de vidas que caen y se pierden en la oscuridad: más de 100,000 muertos. La velocidad del contagio y el final desconocido destruyen nuestro sentido del tiempo.

No hay tiempo para lamentarse, no hay ocasión para recordar, los entierros son un riesgo, los rituales que nos ayudan a sobrevivir en otros tiempos son ahora prohibitivos. En el tren descarrilado del coronavirus, viajamos todos agarrados para no caernos. Los que tenemos a alguien, nos agarramos unos a otros para ayudarnos a sobrevivir. Los que no, se agarran como pueden. Nadie deja sentir el duelo, el dolor, la magnitud de las muertes que nos rodean. No podemos perder la concentración. El riesgo es demasiado alto.  

El COVID-19 es como la Bestia en la última novela de Jeanine Cummins, American Dirt (2019). La novela cuenta la historia de Lydia, una mujer mexicana que huye de un narcotraficante asesino, y tiene que viajar ilegalmente, agarrada del techo del tren que cruza México, para llegar ilesa con su hijo (Luca) a la frontera con los Estados Unidos. Muchos mueren en el camino.

La novela es sobre el trance o el crisol de la experiencia del migrante, que tiene que aprender a montar la Bestia para sobrevivir. Como nosotros hoy, Lydia tampoco tiene tiempo para recordar ni para pensar en todos los muertos que va dejando atrás. No tiene tiempo para calcular el riesgo del viaje. Solo tiene el tiempo necesario para amarrar a su hijito al techo, y para amarrarse al tren en movimiento para no caerse. Ni siquiera tiene el lujo de contar su historia por miedo a perder el control y explotar. 

Al final de la novela, Lydia puede bajarse del tren. Entonces se deja sentir el dolor y expresar la pena que se ha ido acumulado durante todo el viaje. En un momento de soledad y reflexión, en una cueva, Lydia vuelve a los rituales necesarios para el olvido y el perdón. Entierra no solo a sus muertos sino su desesperación.

Hoy estamos desesperados y amarrados a la Bestia del coronavirus. Aguantamos y rogamos que llegaremos al otro lado. Esperamos el final cuando nos podamos bajar de este tren descarrilado. Entonces, lamentaremos nuestras pérdidas, enterraremos a nuestros muertos, y transformaremos nuestro dolor con los rituales de nuestra vulnerabilidad compartida. Mientras tanto, como Lydia, nos agarramos y aguantamos.

Otras columnas de Benigno Trigo

jueves, 21 de mayo de 2020

El arte de lavarse las manos

Benigno Trigo expresa que ceremonias humildes como el arte de lavarnos las manos, soplarnos la nariz, o limpiarnos el trasero son rituales que nos recuerdan nuestra mortalidad, y nos ayudan a transformarla para vivir en sociedad

viernes, 1 de mayo de 2020

Todo tiene su final

Benigno Trigo expesa que dolor y coraje, traición y amistad es lo que nos ha preparado para resistir el embate de enfermedades como COVID-19

jueves, 26 de marzo de 2020

El COVID-19 y la mariposa de Chuang Tzu

Benigno Trigo apunta que la toma de consciencia de nuestra vulnerabilidad común puede volvernos más compasivos con los demás

viernes, 28 de febrero de 2020

Lo que aguanta el papel

Es verdad lo que dicen. El papel lo aguanta todo. Hasta la respiración. Mientras la tormenta pasa, escribe Benigno Trigo

💬Ver 0 comentarios