José A. Hernández Mayoral

Tribuna Invitada

Por José A. Hernández Mayoral
💬 0

La buena práctica de la libertad

El Gobernador debe aprovechar esta semana del solsticio hiemal para firmar una proclama u orden ejecutiva requiriendo que las banderas se icen a media asta y así se queden hasta el día en que se disuelva la Junta de Control Fiscal. El simbolismo es casi irresistible, aprovechar la semana de la noche más larga para marcar este prolongado periodo de oscuridad por el que atraviesa nuestro régimen constitucional.

Típicamente, las banderas se izan a media asta como muestra de respeto a un fallecido. Aquí no sería por luto propiamente, aunque algunos dirían que sí, sino como señal de que nuestra democracia está comprometida.

La bandera es el vehículo más apropiado para expresar esta condición. Después de todo, Muñoz Marín inició el periodo constitucional izándola como símbolo del espíritu de los puertorriqueños ante su propio destino, según dijo.

Una vez bajo soberanía americana, a los puertorriqueños nos tomó cincuenta años para llegar hasta ese momento. A partir de 1898, los americanos, dudosos fueron soltando poder poquito a poquito en un trayecto que todos conocemos a grandes rasgos: primero nos dejaron elegir tan solo una cámara de delegados; diecisiete años después nos permitieron elegir también un Senado; de ahí hubo que esperar treinta y uno para poder elegir gobernador; y entonces cuatro más para culminar el proceso con una constitución.

Tuvo que darse una combinación quizá irrepetible de factores para lograr que Estados Unidos autorizara a Puerto Rico a redactar las reglas por las cuales habría de gobernarse a sí mismo en sus asuntos internos: por un lado había el consenso del pueblo depositado en un líder indiscutible y por el otro había un ambiente de descolonización como secuela de la Segunda Guerra Mundial. Aun así, el proceso fue complicado.

El pueblo verá en su bandera, pronunció Muñoz justo antes de izarla, un símbolo de “la buena práctica de la libertad”. A esa expresión le añadió algo que siempre me sonó extraño para ser dicho en ese momento pero que ahora causa vértigo escucharlo.

Muñoz explicó que “son profundamente incultos y contrarios a la virtud del espíritu humano tanto la negación como el abuso de la libertad”. Que entre esas dos maneras incultas es preferible el abuso de la libertad que su negación. Pero que preferible a ambas es el uso de la libertad con la dignidad que la libertad merece.

Uno de los deberes hacia la buena práctica de la libertad se plasmó en la Constitución que entraba en vigor ese día al declarar en ella que el pago de nuestras deudas iría por encima de todas las demás obligaciones, incluyendo salarios. Era una apuesta valiente, madura, responsable y seria, de una gente que exclamaba que “a los pueblos como a los hombres la democracia los declara iguales en dignidad”.

Desde ese día, las finanzas de Puerto Rico serían asunto de nuestra exclusiva responsabilidad. Ya no habría que someterle jamás los presupuestos al Departamento del Interior para su revisión y aprobación como se hacía hasta entonces y como lo hacen todavía los territorios.

Pero de cierto tiempo para acá Puerto Rico comenzó a abusar de esa libertad. Su gobierno fue paulatinamente incrementando la deuda pública en una espiral que se aceleraba hasta irse salvajemente fuera de control. Entonces vino el momento que nunca se pensó llegaría: decidimos no pagar la deuda avalada por nuestra constitución. La única manera de poder hacerlo fue trascendiendo el abuso de la libertad y acogiéndonos a la negación de la libertad.

Algo nos lo debe recordar todos los días hasta que logremos que esa bandera merezca izarse nuevamente al tope del asta.

Otras columnas de José A. Hernández Mayoral

miércoles, 22 de agosto de 2018

No están a la altura del PPD

El licenciado José Alfredo Hernández Mayoral destaca que el pueblo sabe lo que es el PPD, contrario a algunos de sus líderes

💬Ver 0 comentarios