José M. Medina

Tribuna Invitada

Por José M. Medina
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La buena remuneración de las “súper ejecutivas”

Recientemente, The Wall Street Journal reseñaba en un artículo, que en 2016 las directoras ejecutivas de las 500 empresas más cotizadas en el mercado estadounidense, según el índice de Standard & Poor, recibieron una retribución promedio superior a la de los hombres con el mismo puesto: 13.8 millones de dólares frente a “solo” 11.6 millones. Además, ha sido así en los últimos tres años.

Es cierto que la comparación solo ha tenido en cuenta los CEO que permanecieron en su puesto todo el año pasado. De ellos, 382 eran hombres y 21 mujeres. Como puede verse, la representación femenina sigue siendo muy baja: un 5% aproximadamente.

La diferencia en el sueldo a favor de las mujeres en la cúspide empresarial americana se debería a varias razones. Por un lado, las compañías que dirigieron estas 21 mujeres obtuvieron mejores resultados económicos que los de los hombres: el índice de retorno de la inversión, que mide el pago de dividendos a los accionistas y la evolución en el precio de las acciones, fue de 18.4% en el primer caso, y de 15.7% en el segundo.

Además, una gran parte de estas 21 mujeres acometieron cambios importantes en sus empresas, que es algo que las juntas de directores suele premiar en el sueldo. Un ejemplo es Meg Whitman, CEO de Hewlett Packard, que dirigió la separación en dos ramas de la compañía matriz.

También se podría hablar del factor “resistencia”: en el masculinizado mundo de los altos puestos directivos, las mujeres que llegan a estos puestos suelen hacerlo después de haber superado numerosos obstáculos. Por tanto, suelen ser “superejecutivas”, cuyas capacidades han sido ampliamente probadas. Además, la gran mayoría de las 21 CEO alcanzaron su posición a base de ir subiendo dentro de la compañía, algo que es más meritorio que cuando se trata de “fichajes de una estrella”.

A la interesante información y análisis realizados por el mencionado periódico, y reproducidos en aceprensa, sólo me quedaría pedir un buen aplauso para las esforzadas y exitosas damas, que han llegado a esos puestos no por aplicación del conocido “principio” del “Ay, bendito”, ni por una supuesta consideración “romántica” por el hecho de ser mujeres; sino por sus competencias profesionales y dedicación seria a sus trabajos. Ahora solo quedaría desear que se aumente sensiblemente el número de las que ocupen esos altos puestos directivos, así como también otros.

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