Maritza Maymí Hernández

Punto de vista

Por Maritza Maymí Hernández
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La burocracia y las cabezas

En 1945, a inicios de la Guerra Fría, George Orwell publicó una fábula en la que se presenta una clara alegoría del sistema comunista que emergió en Rusia tras la Revolución Bolchevique y, muy particularmente, después del ascenso al poder de Josef Stalin. No obstante, en esta obra, que es catalogada como una de las 100 novelas más importantes del siglo 20, se presentan temas que trascienden el contexto histórico, el sistema político, económico y cultural que aparecen representados. La explotación de la masa trabajadora, la desigualdad, la corrupción de la burocracia, la propaganda, el culto a la personalidad y el autoritarismo son algunos de los temas que plasmó Orwell en Animal Farm, que también se manifiestan hoy en países que proclaman estar organizados por los ideales de democracia, ley y el orden, libertades individuales, igualdad y transparencia.

La impactante y enigmática protesta del pasado viernes 1ro. de mayo en la que se expusieron cinco cabezas de cerdo frente a La Fortaleza, trajo a mi memoria el comentario satírico que encierra la novela de Orwell.

En Animal Farm, un cerdo llamado Napoleón usurpa el liderato de un proyecto utópico que se gestó en una granja luego de que los animales se rebelaran contra un granjero borrachón y abusador que les explotaba, mientras los dejaba sin alimento. Luego de expulsar a Snow Ball (el cerdo idealista que había liderado la revolución en la granja) Napoleón subvierte todas las normas que los animales habían adoptado como código de convivencia, siendo las máximas principales: “Todos los animales son iguales” y “Ningún animal matará a otro animal”.

Napoleón logró convertirse en la figura hegemónica de la granja por tres razones principales. Se alió a los humanos quienes tenían poder económico, lo cual le facilitó amasar riqueza y poder. Controló efectivamente los medios de represión, utilizando como mollero a un grupo de perros que él mismo había entrenado. Dominó la comunicación a través de la persuasión y de la manipulación de la información y la percepción de la realidad. Esto último lo logró gracias a su compinche Squealer, un cerdo que servía como si fuese un ministro de propaganda.

Napoleón quebró el contrato social y corrompió la organización político-económica de la granja. Produjo un sistema donde los cerdos, constituidos como la burocracia del nuevo sistema, tenían acceso a las comodidades de la vida humana. Disfrutaban de lujos y privilegios mientras los demás animales -quienes producían el alimento, habían levantado la infraestructura y creaban la riqueza de la granja- vivían bajo escasez de comida y sin descanso. El contraste era muy claro, mientras Napoleón, Squealer y los demás cerdos vivían “la vida loca”, el resto de los animales vivían en la miseria.

No hay que elaborar mucho para encontrar la símilque existe entre las dinámicas que se presentan en la granja de animales y nuestra realidad presente. A la luz de esta novela, el uso de cabezas de cerdos como una mordaz crítica al gobierno tiene mucho sentido. Estas son metáforas de un sistema corrupto y desentendido de las necesidades de la mayoría. Un régimen que muestra rasgos de autoritarismo y que fomenta la desigualdad a través de la acumulación por desposesión. Un sistema burocrático que se vale de la demagogia y la propaganda para justificar sus acciones y perpetuarse en el poder. 

Curiosamente, a pesar de que Animal Farm se publicó como una dura crítica al sistema soviético estalinista de la primera mitad del siglo 20, claramente retrata las formas en las que también opera el sistema capitalista de corte neoliberal que vivimos en el siglo 21.

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