Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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La CEE, jugando con chavos de pueblo quebrado

Oda a la incompetencia. Con presupuesto asignado de $37.7 millones, de los que $23.5 millones se los traga una nómina de 700 empleados, la Comisión Estatal de Elecciones se declara incapaz de atender 4,700 solicitudes de endoso a publicidad gubernamental reglamentada por veda electoral; y se contesta a la Prensa que, ante la escasez de empleados y terminales electrónicos, entregaron un proyector de cine para que los examinadores puedan evaluar imágenes.  Esto, bajo el escenario político de que todas las transacciones electorales requieren participación de un empleado de confianza de cada partido político reconocido pisándose los callos uno al otro, bajo la presunción de que solo así puede impedirse que uno haga trampa contra el otro.  Como resultado hoy tenemos 1,312 solicitudes atendidas y 3,388 esperando por alegada falta de personal y equipo, entre las que se cuentan avisos e información vital relacionados con emergencias o epidemias.

Hasta la propia existencia de la Junta Examinadora de anuncios es admisión de tramposería. Los gobiernos gastaron millones para autobombo en año electoral, compraron páginas enteras y pautas en radio y TV, desplegaron fotografías de sus gobernadores y alcaldes hasta en los avisos de subasta; el abuso trajo la restricción y la restricción a la burocracia… si son tres o cuatro los partidos acreditados serán tres o cuatro los examinadores, ayudantes, secretarias, escritorios y parafernalia requeridos para revisar, denegar o autorizar cada anuncio sometido por una agencia estatal o municipal que quiera publicarlo en año electoral. Y como en tantos asuntos que para otras jurisdicciones presuponen el mero uso de la lógica y el sentido común, a Puerto Rico requiere una ley, un reglamento, un presupuesto, una junta, una plantilla de empleados… ah, y un proyector de cine.

La reacción al costo de los procesos electorales siempre invita a la reflexión de que el valor de la democracia es inmensurable, aunque en Puerto Rico el resultado nos empuje a pensar lo contrario.

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