Rafael Santiago Medina

Tribuna Invitada

Por Rafael Santiago Medina
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La CIA y el golpe de Estado fallido en Turquía

Analistas de la geopolítica afirman que la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA, por sus siglas en inglés) pudiera haber movido los hilos y estar detrás del intento de golpe de Estado fallido en Ankara contra el presidente turc0 Recep Tayyip Erdogan.

Todo apunta a que el acercamiento de Erdogan a Rusia, en un intento de enmendar la política exterior de Turquía no es bien visto por estratos de la elite militar turca bajo fuertes influencias de la CIA y la OTAN.

En el intento de golpe de Estado en Turquía participó el piloto que derribó el Su-24 ruso en Siria, ha anunciado el alcalde de Ankara, Melih Gökçek, citado por RIA Novosti.

Se dice que había un creciente malestar en los altos mandos militares de Turquía y analistas sugieren que las movidas recientes en el Gabinete turco, luego de la renuncia a presión del primer ministro Ahmet Davutoglu y la designación de Binali Yildirim en su lugar, han tenido mucho que ver con el intento de golpe de Estado. Después de ese cambio en los mandos políticos turcos realizado en mayo pasado, Erdogan hubo un reacomodo de   sus leales en cargos clave con miras a reforzar su control político.

Este reajuste político de Erdogan estuvo acompañado de recientes acercamientos a Rusia a través de un diálogo tras las tensiones entre ambos países llegaran al clímax el año pasado por el derribo de un caza ruso por el ejército turco en territorio sirio. Esto parece haber irritado a una fracción de las Fuerzas Armadas ante la posibilidad de que Ankara decidiera cooperar con Moscú para una participación colaborativa en Siria.

Para febrero de este año, Erdogan quería efectuar una incursión unilateral en Siria y no quedarse fuera de la ecuación definitoria del futuro de ese país, en clara provocación no únicamente a Rusia, sino al propio Estados Unidos, algo que había provocado rechazo por sectores de la cúpula militar de Turquía.

El suceso más inesperado se suscitó a finales del pasado junio, cuando Erdogan se disculpó con Moscú y aseguró que el derribo del caza ruso no había sido intencional, distanciándose del tono agresivo que habían caracterizado sus declaraciones anteriores sobre Rusia, para agrado de la CIA y Washington, Rusia, en respuesta, llegó incluso a acusar a Erdogan y su familia de tener vínculos petroleros con el Estado Islámico.

Desde que las amistosas relaciones entre ambos países se quebraran, Turquía dejó de recibir 95% del turismo ruso -que rondaba los 3,5 millones de visitantes al año. Turquía vio afectados sus ingresos por la caída en las exportaciones de rubros agrícolas que hacía a Rusia, a tono con una nota de  prensa de El País. El viraje de la política exterior de Erdogan parece haber sido un frío cálculo económico necesario que no fue entendido por sectores de la cúpula militar turca y mal visto por Washington y la CIA.

El temor de la Washington, la CIA y la OTAN es que Erdogan diera un nuevo giro al hasta ahora apoyo de Turquía a los bombardeos de la coalición liderada por Estados Unidos (país que tiene bases militares en territorio turco), y estaba plegada a la política intervencionista de Occidente, que busca el derrocamiento el Bashar Al Assad y financia grupos armados de oposición. Los intereses militares de Estados Unidos no están dispuestas a permitir un acercamiento de Turquía a Rusia, en su estrategia de combatir las posiciones del Estado Islámico, por petición del gobierno sirio, y aboga por una salida consensuada a la crisis.

Las conversaciones entre Turquía y Rusia abrían la posibilidad de buscar un arreglo a la crisis siria desde posiciones aparentemente antagónicas. 

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