Héctor Luis Acevedo

Punto de Vista

Por Héctor Luis Acevedo
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La confianza electoral no se legisla

La esencia de un proceso electoral es su credibilidad. Ella es la que motiva a los electores a votar confiados en que su voto se va a contar como emitido y que tendrá el mismo valor que los demás. Les permite a los electos requerir respeto a sus triunfos y a los derrotados aceptar el veredicto de las urnas. Si se vulnera la integridad del proceso alterando los resultados o permitiendo que electores que no tienen derecho a votar decidan las elecciones se mina su credibilidad y confianza. 

Por ello se necesitan medidas preventivas que garanticen su honestidad. Estamos a menos de un año de las elecciones, a dos semanas de las radicaciones de candidaturas y se pretende legislar unilateralmente, una ley que debilita o elimina cada una de las garantías del proceso electoral. Con las elecciones sucede lo mismo que cuando le roban su casa, con una ventana que rompan basta.

El proyecto elimina la intención del elector como fundamento, elimina los recuentos en elecciones cerradas, permite que personas que no vivan aquí voten ausente sin tarjeta electoral, si funcionarios de colegio, sin entintado. Descarta las máquinas de contar votos que acabamos de comprar en $30 millones, le quita garantías de privacidad e integridad al voto de encamados y de la policía.

Obliga al voto por Internet del voto ausente y luego a todo el país. El Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos acaba de aprobar, con apoyo bipartita, un Informe que cataloga dicho tipo de voto como un peligro a la seguridad electoral por su vulnerabilidad al fraude y exige papeletas para proteger su integridad. Igual opinión tienen cinco candidatos demócratas a la presidencia quienes presentaron un proyecto de ley exigiendo papeletas.

O sea, mientras el Senado de Estados Unidos califica de peligrosa una medida, Puerto Rico que no tenemos ese problema, destruyendo consensos, se encamina al mismo sistema vetado por los Estados Unidos. Existe una vital diferencia en usar las máquinas de contar votos y el voto por Internet que se presta a ser alterado. No puede ser.

Este pasado viernes en la noche, sin discusión pública alguna se añadieron dos papeletas de votación. Así no se legisla y menos en asuntos electorales. 

¿Por qué un partido que ganó las elecciones con el sistema actual querer cambiar las reglas con las que ganó? La razón es querer perpetuarse en el poder por encima de los electores.

Puerto Rico se ha nutrido de un esfuerzo en superar las diferencias logrando consensos procesales. Así lo demuestran los acuerdos de la Ley Electoral de 1983, el consenso de las máquinas de escrutinio de 2014 y los acuerdos de la Juntas de Redistribución Electoral en cinco de las seis ocasiones que se han convocado. Esa es nuestra mejor tradición de pueblo y de nuestra democracia. Claro, si no se busca el consenso es imposible lograrlo.

En 1980 Puerto Rico estuvo al borde de una confrontación civil de grandes proporciones. Aprendimos la lección como pueblo y buscamos consensos y los logramos. Que gane a voto limpio el que los tenga y así ha sido. 

Al finalizar el acuerdo electoral en 1982 los partidos Nuevo Progresista, Popular Democrático e Independentista Puertorriqueño afirmaron ante la historia lo siguiente:

“La democracia es mucho más que un ordenamiento formal; es un modo de vida. Exige una actitud de respeto a las reglas de comportamiento electoral y una consideración mínima hacia la convivencia política. Refleja también una comprensión de la naturaleza humana y de su imperfección, así como de proporción del hombre ante sus compañeros de vida, cuyas voluntades, aun siendo diferentes a la suya, de contar con más apoyo, deben prevalecer”. 

“Impone por tanto la discusión de alternativas y su comunicación, no su decreto”. Ese debe seguir siendo nuestro norte. 

La confianza no se legisla, se obtiene con acciones y actitudes que la convoquen.

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