Aida Díaz

Tribuna Invitada

Por Aida Díaz
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La confianza minada

La abrupta renuncia de la doctora Julia Keleher a la Secretaría de Educación causó revuelo y conmoción en el país. Sin embargo, su salida era de esperarse. 

Al comenzar en el cargo, ella se presentó como la experta que venía a transformar nuestro sistema educativo, con nuevas ideas y con un bagaje que le permitiría lograr lo que nadie.  Le abrimos las puertas. Nos llenamos de esperanzas porque parecía no estar contaminada con la intromisión indebida de la política partidista que tanto repudiamos. Confiamos en su palabra de adelantar una agenda de transformación, de otorgar al magisterio el respeto profesional que merecen y de hacer que los recursos llegaran a donde tenían que llegar, al salón.  

Sin embargo, pronto nos dimos cuenta de que la prometida transformación era imposible y no llegaría. ¡Es que no se puede transformar lo que no se conoce, lo que no se valora ni se respeta! 

Las grandes transformaciones de los sistemas educativos han sido producto del diálogo serio entre los actores principales, del respeto a la diversidad de ideas, de las culturas escolares y la idiosincrasia de las comunidades, desde un marco de sinceridad. La ausencia de esos factores está latente en el capítulo que cerramos hoy. Tal vez eso explica, en parte, tanto dolor, sufrimiento y frustración de padres, maestros y estudiantes. 

La pregunta medular que tenemos que hacernos hoy es, ¿cuál era la meta? Si el empeño era mejorar la educación pública puertorriqueña, Keleher no cumplió. La desesperanza en el magisterio es palpable, y peor aún, entre los padres. 

La improvisación se ha robado la confianza que muchos le tenían al sistema de educación pública. Las más de 400 escuelas cerradas, sin análisis ni estudios, afectando a cientos de comunidades, a miles de estudiantes, limitándoles el acceso a la educación, ha dejado profundas marcas. 

Mientras, hay crisis en las comunidades de las escuelas identificadas para privatizarse bajo el concepto chárter. Decenas de reglamentos no se han creado y tampoco se cumple con las disposiciones de la nueva legislación educativa. ¿Estamos mejor? No.

A los que nos quedamos en el sistema educativo nos corresponde recoger sus pedazos, elevar una sonrisa al viento y rescatarlo. El sistema está en pie por los buenos y comprometidos maestros, docentes y no docentes, que allí laboran. La salida de la pasada secretaria presenta una nueva oportunidad para todos, pero, sobre todo, para el que la sustituye, si cree en la capacidad y voluntad de nuestra gente, y decide trabajar con ellos. ¡Vamos a rescatar la educación pública, por nuestros niños!


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