Carlos E. Díaz Olivo

Punto de vista

Por Carlos E. Díaz Olivo
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La contienda en San Juan: el gran aburrimiento

En los procesos electorales, el municipio de San Juan ha jugado un papel prominente y, en ocasiones, definitorio. En 1968, cuando se inició la alternancia en el poder entre el Partido Nuevo Progresista (PNP) y el Partido Popular Democrático (PNP), el triunfo de Carlos Romero Barceló por más de treinta mil votos compensó el rezago de su colectividad en el resto de la Isla y permitió la obtención de la gobernación por Don Luis A. Ferré. 

En 1972, la reelección de Romero Barceló en San Juan no impidió el triunfo del PPD y de Rafael Hernández Colón. Sin embargo, San Juan se convirtió en el ‘Puerto Arturo’ donde se concentró la resistencia estadista para la reconquista de la gobernación en 1976. Desde ese momento en adelante, los alcaldes y alcaldesas de San Juan se convirtieron en eventuales candidatos a la gobernación. Ese fue el caso de Hernán Padilla, Baltasar Corrada del Río, Héctor Luis Acevedo, Sila María Calderón y últimamente, Carmen Yulín Cruz. 

De manera que quien termine siendo electo alcalde o alcaldesa, se convierte automáticamente en una de las figuras claves de la política puertorriqueña. De ahí que ambos partidos principales procuran postular en San Juan a personas carismáticas y de fuerza política y que además, se visualicen en la mente del electorado como potenciales gobernadores. 

Pueden ser, precisamente, esas preconcepciones las que explican lo que está aconteciendo en la actualidad con la contienda a la alcaldía de San Juan por ambos partidos. En el PPD, Rossana López y Armando Valdés son los aspirantes que formalmente han anunciado su interés en la posición. La primera tiene a su favor la ventaja de presidir el comité del PPD en San Juan. Su mensaje, sin embargo, más que popular, parece extraído de la matrícula del Movimiento Victoria Ciudadana. Armando, de otro lado, si bien representa una alternativa de orientación más conservadora y pro establishment, con su mensaje confuso no ha logrado cuajar una personalidad política propia que encienda su candidatura. Por consiguiente, a pesar de los méritos y experiencias políticas y administrativas de ambos aspirantes, existe la percepción de que ninguno cuenta con la fuerza para garantizar el triunfo del PPD en la capital. 

Algo parecido enfrenta también el PNP. Miguel Romero, de salida, también tiene la ventaja de presidir el Comité central municipal del PNP en San Juan y eso le confiere el control de la estructura política, vital en cualquier contienda primarista. Sin embargo, existen fuerzas internas dentro de su propia colectividad que procuran desestabilizar su candidatura. La gestión de desestabilización incluye otras figuras de la colectividad, que aunque no tengan posibilidad práctica de derrotar a Romero, al no descartar públicamente también aspirar a San Juan, impiden que su candidatura se consolide. 

¿Cuál es problema entonces con estos candidatos? Entre otras cosas, podemos identificar que en la mente del elector promedio ninguno responde al prototipo clásico de la imagen antes reseñada de lo que electoralmente se conceptualiza que debe ser un alcalde o alcaldesa de San Juan. Ninguno tiene carisma natural, ni la personalidad imponente que tradicionalmente identifica a una o un líder. Las pocas ideas o propuestas de los candidatos que han trascendido no han logrado captar el interés del debate público. Ninguno tampoco ha articulado efectivamente cómo posesionar a Puerto Rico ante la realidad de un Presidente y una actitud en Washington DC de desinterés e insensibilidad para un Puerto Rico que ya no forma parte de la concepción o plan futuro de los Estados Unidos. 

Así las cosas, corresponderá a los candidatos intentar evolucionar y crecer políticamente para atender las expectativas de los votantes. Si no lo logran, no podrán irradiar para sus respectivas colectividades el impacto electoral que consolide su triunfo a nivel isla. En ese sentido, la contienda continuará siendo, como hasta ahora, aburrida e inconsecuente y entre los aspirantes, la consigna será ¡sálvese quien pueda!


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