Dennis Costa

Tribuna Invitada

Por Dennis Costa
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La corporación torniquete

La urbanización Santiago Iglesias, en San Juan, se mantuvo sin electricidad desde la víspera del paso del huracán Irma, a principios de septiembre de 2017. La comunidad se convirtió en uno de los famosos “bolsillos” donde la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) no restableció el servicio con premura, a pesar de ser una céntrica comunidad metropolitana. Por más de 100 días este servidor nunca había presenciado un vehículo de esa corporación en este vecindario.

Pasaron semanas y meses en la oscuridad, con el estruendo de los generadores remplazando el canto de los coquíes. A mediados de diciembre, comenzaron a aparecer camiones de servicio eléctrico en las calles, pero los mismos no llevaban en sus puertas el logotipo de la AEE, sino el de una empresa con operaciones en los Estados Unidos.

Los trabajadores eran diligentes y parecían incansables. Durante los días de Navidad y Año Nuevo, muchos en el vecindario asumieron que los obreros iban a tomarse un descanso, pero incluso en esos días se presenciaron los camiones en distintas áreas con personal levantando postes, reemplazando cables y transformadores. Algunos vecinos teorizaron que en realidad se trataba de dos o más brigadas trabajando en días rotativos. Sin embargo, esa posibilidad no dejó de causar una buena impresión entre los residentes.

Eventualmente, los trabajadores, en su mayoría provenientes de los Estados Unidos y estrictamente angloparlantes, se convirtieron en cuasi celebridades. Algunas vecinas le ofrecían almuerzo, como muestra de agradecimiento. Mientras, hubo caballeros que le invitaron a unos “rounds” de cerveza, al final de cada turno laboral. Sin embargo, los empleados solo respondían a tales gestos con un breve “thank you, but I’m just doing my job”.

El pasado fin de semana llegó el servicio eléctrico al hogar de este servidor, luego de cuatro meses, un día, tres horas y 15 minutos sin electricidad. Todavía quedan calles y cuadras en la urbanización sin el preciado servicio. Los camiones de las brigadas no se han visto en días recientes, pero se espera que lleguen a mediados de enero para reparar las zonas sin energía.

A mediados de la semana pasada, en otra área de la urbanización que había recobrado el servicio eléctrico a finales de diciembre, apareció un vehículo con el logotipo de la AEE. Fue la primera presencia de la agencia de la cual muchos fueron testigo desde que ocurrió la debacle ciclónica.

Era una guagua “pick-up” con el conductor como único ocupante. El empleado de la AEE se estacionó al otro lado de mi calle. Bajó del vehículo con libreta en mano. Se acercó al contador de una de las residencias y comenzó a inspeccionarlo detenidamente.

Al otro lado, un pequeño grupo de vecinos estaba enfrascado en una conversación. Cuando se dieron cuenta de la presencia del empleado de la AEE, cesaron de hablar y observaron de reojo al empleado. “Para eso vienen, pa’ cobrar”, dijo uno de los vecinos. “Para eso son rapiditos”, añadió otra.

El empleado, percatándose del grupo de vecinos, se dirigió a ellos. “Buenas tardes”, dijo. “¿Ustedes saben cuándo prendieron este lado de la calle?”, preguntó.

“Hace como semana y media”, contestó una de las vecinas, en tono bajo.

“Y el lado suyo de la calle, ¿cuándo se prendió?”, cuestionó el empleado a otra residente.

Esa vecina me confesó que se vio tentada a responderle “todavía no tenemos luz”, pero a último momento, desistió.

“Desde el 1 de enero”, fue lo que le contestó.

A esto, el empleado sonrió, hizo dos o tres anotaciones tajantes en su libreta, y con un escueto “gracias, buenas tardes”, se montó en su guagua y siguió su camino.

Irma y María, sobre todo, desgarraron el velo que ocultaba las verdaderas maquinaciones de varias entidades gubernamentales a nivel local, en especial las de la AEE. Lejos de proveer un servicio esencial, esta corporación pública se ha convertido en un torniquete que estrangula no solo las posibilidades de recuperación económica sino el de lograr una verdadera calidad de vida en Puerto Rico.

Ahora, la agencia ha quedado al desnudo. Los resultados logrados por las brigadas del exterior en nuestra comunidad brindan casi una muestra de laboratorio de lo que ocurre cuando la eficiencia y los deseos de trabajar reemplazan la cultura de corrupción y mediocridad que ha tipificado el liderato de la AEE por décadas. Ese grupo incluso ha mancillado a aquellos que verdaderamente están dedicados a su profesión en la corporación pública.

Como dijo un vecino el mismo día que le llegó la electricidad a mi vecindario, “hasta los mismos de Energía Eléctrica saben que no tienen chance. Todo el mundo lo sabe: esto va rumbo a la privatización”. 

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