Giovannie Soto-Torres

Punto de vista

Por Giovannie Soto-Torres
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La crisis como oportunidad: el huerto familiar

Podemos definir agricultura como la actividad en conexión con la naturaleza de mayor importancia para el ser humano. Con esta se transforma el medio que comparte con otros organismos. Es un ecosistema controlado parcialmente en el cual se produce alimento, fibra, combustible, medicinas y formas de vida, que permite la reproducción biológico-cultural de los seres humanos. A pesar de lo antes dicho, la mayor parte de la sociedad piensa en ella en momentos de crisis, sin entender que la verdadera crisis es la ausencia de autonomía alimentaria.

Cuando nos tomamos un café no pensamos en el agricultor que en relación con la tierra trabajó por más de dos años manejando el cultivo para que energice nuestro atareado día de trabajo. De igual forma sucede al sentarnos a “devorar” una mixta de arroz, habichuelas y pollo guisa’o o una ensalada de lechuga, tomate, zanahorias, pepinillo y cebolla morada. El trabajo de un agricultor es prácticamente invisible. El que esto suceda responde a una cultura de consumo que invierte el valor del ser por el tener, abortando la autonomía e incentivando la dependencia. Ven el campo como un lugar de “chinchorreo” sin entender que sin lo rural no existiríamos. Hablan de urbanizar lo rural sin entender la imperiosa necesidad de “ruralizar” la ciudad. 

Hoy nos encontramos frente a otra crisis, un evento complejo de carácter global, la pandemia del COVID-19. Una respuesta contundente ante este dilema es la producción de alimentos desde el hogar. Podemos definir un huerto familiar como el espacio atado a la vivienda donde se cultiva alimento, medicinas, combustible, fibras, relaciones, identidad, salud y espiritualidad en función de una mejor calidad de vida. En momentos en que gran parte de la población se encuentra en el hogar, el huerto familiar es vital como fuente de alimento fresco y de bajo impacto ambiental; de ejercicio que mejora la salud física y emocional; como promotor de relaciones sociales de cooperación entre la familia y motor de la autonomía alimentaria. En fin, como actividad que mejora nuestras condiciones de vida.

El propósito de esta columna es visibilizar la importancia de la agricultura, al agricultor y que a través de los huertos familiares podemos mejorar nuestra calidad de vida. Los animo a que lo intenten, se verán transformados y sobretodo valoraremos a la persona más importante del país, el agricultor.

En nuestra vorágine diaria siempre nos quejamos de la falta de tiempo, pero al parecer alguien escucho nuestros ruegos de tiempo “libre”. Aprovechemos este espacio para estudiar y practicar en familia.



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