Irene Garzón Fernández

DE PRIMERA MANO

Por Irene Garzón Fernández
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La dejadez y el despilfarro en la CEE

Es que tenía que pasar. El entrelíneas del anuncio de la Autoridad de Edificios Públicos de que se harán “mejoras” al edificio que alberga alrededor de 6,000 máquinas de escrutinio electrónico es que el costoso equipo ha sufrido daños que, posiblemente, sean irreparables.

Nos referimos a daños posteriores a los que ya sufrió el edificio de Operaciones Electorales, que no es el mismo que alberga la sede de la Comisión Estatal de Elecciones, a consecuencia del paso del ciclón María, en septiembre de 2017.

Si consideramos que se pagaron $38.2 millones a la empresa Dominion Voting Systems para adquirir las máquinas que se usaron en las elecciones de 2016 y le sumamos los daños provocados por María y los ocasionados por el mal almacenamiento de los equipos, calcule usted de lo que estamos hablando.

Ahora, el director ejecutivo de la AEP, Josean Nazario, dice que dentro de alrededor de un mes se adjudicará la subasta para las “mejoras” al edificio, pero no anticipa cuánto dinero costará el proyecto. Millones, presumimos.

De momento, Nazario dice que habrá que instalar y reparar verjas y puertas metálicas, además de hacerle “mejoras” al sistema de aire acondicionado, esencial para la preservación de las máquinas compradas a Dominion.

Pruebas hechas en agosto pasado reflejaron que una cifra indeterminada de máquinas tiene hongo y que el 10% del total de 6,075 se colgó en las mediciones de carga. Siga sumando.

La dejadez que ahora conocemos se une al despilfarro que representa el gasto de cerca de $40 millones que costaron las máquinas, que se compraron, aunque existía la opción más sensata de alquilarlas y aprovechar los constantes adelantos tecnológicos para elecciones futuras.

Pero ahí no para la cosa. Los presupuestos operacionales de sobre $30 millones anuales en años no electorales, que lo que hacen es mantener el batatal de puestos de trabajo y contratos que se reparten los partidos tradicionales que controlan el organismo, son dinero botado en un país en quiebra.

Ah, pero como dijimos hace algunas semanas, los partidos políticos no han querido tocar a la CEE ni con una vara larga. Tanto estiraron que ahora enfrentan el requerimiento de la Junta de Supervisión Fiscal para que se ajusten las operaciones del organismo al rigor de los tiempos y en busca de mayor eficiencia.

En respuesta a la amenaza de la Junta, el presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, que fue comisionado electoral del Partido Nuevo Progresista, vuelve a hablar de reforma electoral y lo plantea como una prioridad suya en la actual sesión legislativa.

Pero, ¿y qué pasa con el consenso que debe presidir cualquier intento de reforma de un sistema electoral que, en los últimos tiempos, salvo por el escrutinio electrónico, no ha avanzado en materia de derechos de los electores?

Insistimos en que una buena reforma del sistema debería incluir disposiciones para una segunda vuelta electoral y para permitir las alianzas políticas que la ley actual prohíbe.

Además, ¿cuánto más debemos esperar para lograr que la CEE opere únicamente durante el año de las elecciones? Esos más de $30 millones del presupuesto operacional anual de la CEE en año no electoral se quedarían en las arcas públicas y podrían asignarse a proyectos en las áreas de prioridad, como salud, educación y seguridad.

La CEE es un organismo creado por los partidos para beneficiar a los partidos. Su organigrama es la mejor evidencia de la naturaleza partidista de un organismo que, paradójicamente, es financiado en su totalidad por el dinero de las contribuciones de los ciudadanos.

Lo menos que podemos esperar, entonces, es que se cuide y se proteja la propiedad pública, como son las máquinas de escrutinio electrónico que, a esta fecha, no sabemos si serán operacionales para los comicios de 2020.

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