Ana Teresa Toro

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Por Ana Teresa Toro
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La democracia parece una máquina rota

“La fe es esperar, en esta fila, a que la máquina funcione”. Así lee un verso del poema Después de la tormenta, (del poemario Falsa heladería) de la puertorriqueña Mara Pastor. He releído ese poema muchas veces, y muchas veces me he encontrado aplicando el verso a distintos contextos. Cambia de formas la fe y cambia de identidad la máquina.

A veces la fe se convierte en la certeza de que hay un país, un nosotros y la máquina se manifiesta en la forma de esa fuerza viva de gente y voces que cada mañana lo aceitan y lo hacen funcionar contra todos los pronósticos. Otras veces la máquina es literal, que algo funcione por favor, para que la energía se mueva y no se pudra. Que la fila se mueva, que la basura se recoja, que el fruto entre a tiempo a la cesta, que el permiso se otorgue y el negocio se abra, que el paciente reciba su medicina y el estudiante su entrenamiento, que no se vaya la luz y que al grifo no le falte el agua. Que no nos abandone la lluvia. Que las cosas funcionen, que la fe no siempre se trate de esperar. Que haya formas de la fe que se parezcan un poco más a la esperanza.

En estos tiempos es cada vez más difícil. La máquina que es la democracia moderna pierde aceite. Recuerdo las palabras de Martín Caparrós en su libro El Hambre: “Esto es India, y es pura potencia y les gusta llamarse la democracia más grande del mundo —y lo son. No les gusta decir que son el país con más desnutridos del mundo —y lo son”. La mayor democracia del mundo es cuna de la mayor masa de hambrientos. Si esto no es un síntoma de una máquina rota, ¿qué es?

Que la propia democracia alimente el germen del totalitarismo es el peligro de estos tiempos. Pero como el propio relato se pregunta, ¿hay un sistema mejor? La historia aún nos dice que no. Por eso la urgencia del aceite, que para la máquina de la democracia no es otra cosa que la educación. Lo que ocurre es que ésa está también bajo asecho y diluida en el abismo mismo de la “democratización” del conocimiento. La máquina es un perro que se muerde la cola.


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