Madeline Román

Punto de Vista

Por Madeline Román
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La descarga criminológica

Para casi todos los estudiosos del crimen, las sociedades modernas se caracterizan por altas tasas de criminalidad. En ese sentido, más que las altas tasas de criminalidad, lo que se estudia son los tipos de delitos que se cometen y las respuestas que se producen en sociedad, en aras de contener su ascenso. 

El hecho de que exista gente que mate por un celular, por un estacionamiento, por un automóvil, por una disputa familiar, no nos deja otra que concluir que el crimen se ha vuelto banal. Al decir de Fernando Savater, “se mata por todo y por nada, porque el otro está ahí y es otro”.  Decir que el crimen se ha vuelto banal no es restarle importancia. Por el contrario, son crímenes que nos están comunicando algo sobre la condición de nuestra humanidad y que tenemos que atender de manera urgente.

La forma de castigar dice mucho también de una sociedad. El sistema de justicia criminal se ha venido transformando no por razones jurídicas sino por razones extrajurídicas. Vivimos en sociedades donde se ha producido una suerte de populismo autoritario que descansa en el entendido de que la gente tiene que ser escuchada, sus sentimientos tienen que ser considerados. Esto no sería negativo si no fuese porque ésta es ahora la forma de justificar una cultura del castigo que promueve la equiparación de justicia y cárcel, justicia y castigos cada vez más severos.

De un sistema fundamentado en la presunción de inocencia, hemos pasado a un sistema fundamentado en la presunción de culpabilidad. Dentro de este sistema todo el mundo es culpable hasta que se demuestre lo contrario. No bien sale una noticia en el que se acusa una persona cuando inmediatamente se le declara culpable. El problema es que “el día menos pensado” esta misma vara le puede caer encima a los mismos que la promueven.

La cultura del castigo ha transformado los entendidos de lo que es la fianza. Ha sido repetido en infinidad de ocasiones: la fianza es un derecho constitucional que descansa en la presunción de inocencia del acusado. Es decir, descansa en el entendido de que todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Por más evidente que nos puedan parecer los hechos de un crimen, lo cierto es que los juicios populares y mediáticos no pueden sustituir el análisis jurídico de los casos. Si los juicios van a ser mediáticos, entonces ¿para qué se necesitarían las cortes? ¡Que quede claro que no se trata de una defensa de la ley y de las cortes, pues en nombre de la ley también se han cometido los actos más descarnados!

Se ha dicho también en repetidas ocasiones: para que sea justa, el monto de la fianza tiene que ser proporcional a los recursos económicos del acusado. Sin embargo, hemos llegado a un tipo de sociedad donde la fianza se ha convertido en un castigo del poder discrecional de los jueces y de los reclamos del llamado pueblo. La ironía es que la histórica criminalización de los sectores más empobrecidos (el pueblo también) y de las mujeres en particular ha descansado en esta misma práctica: muchas veces a las mujeres se les imponen fianzas y sentencias más severas que a los hombres e incluso por delitos menores

Todo esto es importante pues no hay transformación cualitativa de una sociedad si no se atiende el tema del castigo. 

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