Carl Soderberg

Tribuna Invitada

Por Carl Soderberg
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La descarga pluvial es impura

Los medios noticiosos y las redes sociales informaron recientemente sobre una descarga de aguas oscuras en una playa del Condado por medio de un alcantarillado pluvial. Un vídeo documentó el color bien oscuro de la descarga. El hedor de la descarga fue tan desagradable que un surfer que estaba en las aguas receptoras vomitó incontroladamente.

Las autoridades negaron que se tratara de una descarga de aguas usadas. Aseguraron que era una descarga pluvial, o sea, de agua de lluvia contaminada por los desechos arrojados por los ciudadanos en las calles. Ante el clamor público, acordaron tomar muestras en la playa donde ocurrió este incidente para determinar la verdadera naturaleza de la descarga. Al momento de escribir esta columna, no se han informado los resultados.

Este incidente es una buena coyuntura para orientar sobre las descargas de alcantarillados pluviales y su impacto sobre la calidad del agua de quebradas, ríos y playas.

Por lo general, en zonas urbanas se construyen alcantarillados pluviales para recoger y llevar al cuerpo de agua más cercano el agua de lluvia que discurre por las áreas impermeables como el techo de casas, edificios, estacionamientos al aire libre, aceras y calles. Muchas veces se utilizan estaciones de bomba para sacar el agua de lluvia de áreas bajas y/o acelerar el proceso para evitar inundaciones. Los municipios tienen la responsabilidad de operar y mantener los alcantarillados pluviales.

A partir de la década de 1940, se construyeron alcantarillados sanitarios para recoger exclusivamente las aguas usadas de nuestras casas, hoteles y edificios de oficinas. Estas aguas se llevan a plantas de tratamiento de aguas usadas de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados. (AAA). Esta es la entidad responsable de los alcantarillados sanitarios. Cabe señalar que el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales es responsable de las estaciones de bomba para control de inundaciones y sus descargas. Anterior a esa época, proliferaron alcantarillados combinados, en otras palabras, alcantarillados que recogían tanto agua de lluvia como aguas usadas. Todavía tenemos alcantarillados combinados en Puerto Rico. El Viejo San Juan, partes de Miramar, Villa Palmeras y el casco de Río Piedras son tan solo algunos ejemplos en el área metropolitana.

Cuando comencé a trabajar en la Junta de Calidad Ambiental (JCA) a principios de la década de 1970, existían tantas descargas de aguas usadas clandestinas al alcantarillado pluvial, aún existiendo el alcantarillado sanitario, que la JCA instaló rótulos en inglés y español que alertaban al público y a los turistas que las aguas de la Laguna del Condado y las playas del Condado y Ocean Park no eran aptas para el baño. En la intensa investigación realizada por la JCA, se encontraron edificios completos, alas completas de ciertos hoteles, restaurantes de alta alcurnia, y alcantarillados sanitarios conectados al sistema pluvial. Tras ocho años de ardua labor, se logró el cumplimiento en las playas y se quitaron los rótulos.

Para mantener la calidad de agua en esas playas fue necesario mantener una vigilancia estricta. En ocasiones reconectaron líneas sanitarias al alcantarillado pluvial y diferentes entidades realizaban descargas clandestinas a ese alcantarillado.

No se puede asumir que descargas de aguas usadas no ocurrirán a través del alcantarillado pluvial porque existe un alcantarillado sanitario. A parte de los inescrupulosos, cada vez que se desborda un registro del alcantarillado sanitario o cuando deja de operar una estación de bombas de aguas usadas por falta de electricidad o desperfectos mecánicos, esas aguas usadas llegan a la rejilla pluvial más cercana y de ahí a través del alcantarillado pluvial al cuerpo de agua en el sector. En Condado y Ocean Park fluyen a las playas.

Aún cuando no haya descargas clandestinas, ni descargas de registros sanitarios y estaciones de bomba de aguas usadas; la descarga pluvial contiene todo lo que la lluvia arrastra de nuestros patios, calles y aceras. No solo es la basura que arrojamos a diestra y siniestra. Se arrastran también los residuos de aceite de nuestros automóviles (fíjense en los estacionamientos), el aceite que le cambian a los automóviles y en estos días a las plantas generadoras de electricidad, trazas de metales pesados, y las heces fecales de los gatos y perros que pasean por el vecindario.

Estoy de acuerdo con la secretaria de Recursos Naturales, no debemos bañarnos en las playas donde ocurran descargas pluviales. Es perjudicial para nuestra salud.

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