Jaime Lluch

Punto de vista

Por Jaime Lluch
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La des-democratización del país

Durante un breve periodo pos-1945, aproximadamente del 1948 al 1952, Puerto Rico hizo ciertos avances en el camino hacia la democratización. Sin embargo, desde el 1952, y sobre todo en las últimas décadas, la calidad democrática de Puerto Rico se ha deteriorado tanto que llevamos un tiempo en una fase prolongada de des-democratización. Se debe a la acumulación de la pérdida de confianza en las instituciones, corrupción y clientelismo, partidos políticos que colonizan el aparato gubernamental para servirse a sí mismos y dirigidos por una casta de élites extractivas que son parte de unos círculos sociales cerrados y centrípetos, un ELA que no logra salir de su caverna subordinada, y la tiranía de una Junta de Control más neoliberal que el mismo presidente Trump.

Como escribió el formidable Charles Tilly en su magistral obra sobre la democratización (2004) -- examinando la experiencia europea de democratización entre 1650 y 2000 -- la democratización no es un proceso lineal: al contrario, a menudo ha sido errático, cíclico, improvisado, con discontinuidades y lleno de luchas, conflicto y contiendas (Tilly 2004: 26). Por ejemplo, entre 1825 y 1871 el Reino Unido y Francia pasaron por caminos muy distintos donde vemos la interacción entre contiendas sociales (“contention”) y cambios de régimen en búsqueda de más democratización, hasta llegar a ser sistemas democráticos (aunque imperfectos): experimentaron similares e interactivos patrones en la legalización de movimientos obreros, en la expansión de la franquicia electoral, en la creación de partidos políticos y en la creación de un gobierno popularmente electo (Tilly 2004: 6).

¿Entonces, qué es la democratización y qué es la des-democratización? La democratización no surge por meros cambios constitucionales. No hay leyes universales que la expliquen. La democratización es el avance en la igualdad de las relaciones entre agentes gubernamentales y su población (y no sujetos a la dominación de un soberano externo), en consulta vinculante con la población sujeta a ese gobierno y la protección de esa población contra la acción arbitraria por el aparato estatal (Tilly 2004: 14). La des-democratización es cualquier movimiento en la dirección opuesta.

La democracia no se reduce a un andamiaje jurídico. En vez, la democratización se promueve cuando en una población los ciudadanos obtienen derechos y garantías para participar en la política pública (sin imposiciones que provengan de un soberano externo), cuando la desigualdad categórica se reduce sustancialmente, y cuando las redes de confianza social se extienden verticalmente/horizontalmente y están integradas al proceso democrático (que ocurre cuando se desintegran las redes de confianza segregadas o aisladas, típicas del clientelismo y el patronazgo).

Tomando en cuenta todo lo anterior, podemos ver por qué Puerto Rico en las últimas décadas ha visto un proceso de des-democratización. ¿Entonces, cómo se puede contrarrestar este deterioro en nuestra calidad democrática?

En Europa, desde el 1650, todos los caminos que llevaron a la democratización en muchos países fueron trazados por luchas y contiendas sociales. La protesta social o los movimientos sociales, por lo tanto, no son antitéticos a la democratización. Todo lo contrario: la contienda social y la protesta ciudadana ha sido el sine qua non de la democratización en países europeos desde el 1650 (Tilly 2004: 35). Para contrarrestar nuestra des-democratización, debemos celebrar la expresión social del pasado Verano 2019 y estimular su reproducción.

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