Ada Torres

Punto de vista

Por Ada Torres
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La desnudez de Pierluisi

Pedro Pierluisi está “escuchando al pueblo” previo a decidir si aspira a la Gobernación. Esto, por supuesto, es falso como sabemos todos. Esa decisión está tomada. La única fracción del pueblo que le hablará al oído son los que le dicen lo que quiere escuchar. Esa es la dinámica tóxica de codependencia y ceguera que mantienen los políticos en su íntimo grupo de confianza donde se sienten intocables, venerados e inmunes. Sí, precisamente la dinámica que acabó con Ricardo Rosselló. 

El problema principal (tiene muchos) que carga Pierluisi es que llega a esta aspiración desnudo, sin el abrigo temporero de la ilusión que pudiera suponer un candidato que venga a servir y no a servirse. 

En su caso, ese barniz superficial del que gozan los candidatos al inicio de sus aspiraciones no existe. Ya lo vimos en su ascenso atropellado, inconstitucional y hasta absurdo de apropiarse de una silla de gobernador que no le correspondía bajo ningún análisis de simple sentido común. 

Lo vimos mentirnos repetidamente y en rápida sucesión en unos meros cinco días. Lo vimos salir de una vista cameral, sin vista senatorial, directo a adueñarse de un cargo que él sabía le correspondía a quien hoy lo ocupa. Lo vimos tratando de alejarse de su rol protagónico en la Junta de Control Fiscal, asegurando que podía cambiarse de traje en un abrir y cerrar de ojos, y dejar de pensar como abogado de la Junta, para asumir la responsabilidad de los intereses de Puerto Rico. Lo vimos recibir en La Fortaleza a exclientes acompañado de otros funcionarios de la Junta como primer orden de asuntos a atender.  Lo vimos en su ambición desnuda, y esa imagen la seguimos viendo como captada en persistencia retiniana. 

Fue necesaria la intervención del Tribunal Supremo para removerlo. Nada habla más claro de la psiquis y la ambición de Pierluisi. 

Pierluisi debe enterarse de lo siguiente porque nadie de su equipo se lo dirá: las personas que “aceptaron” su extraña e inconstitucional movida de tratar de adueñarse de la gobernación no lo hicieron en su mayoría porque entendieron que el puesto le correspondía. Lo hicieron por agotamiento mental y emocional. Lo hicieron por desear el regreso de algún atisbo de estabilidad, de orden, de recuperación del devenir diario del país. Lo hicieron por el cansancio de una jornada dura e intensa que acabó con la carrera política de su predecesor. 

Cuando Pierluisi entre al ruedo político formalmente y ahora teniendo que pasar por todos los peajes, y pagar todos los peajes necesarios para llegar a su destino, todos nos acordaremos de los negros pocos días en que se usurpó una posición que nunca le correspondió. Y los que no lo quieran ver y cierren los ojos, aún lo verán, como cuando la retina retiene una imagen y la ve aún con los ojos cerrados. 

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