Gustavo Vélez

Tribuna Invitada

Por Gustavo Vélez
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La devaluación de la moneda puertorriqueña

La grave situación económica que atraviesa Puerto Rico amerita repasar algunos hechos históricos que pueden ser de utilidad para entender nuestro presente. Desde el siglo XIX, la economía puertorriqueña ha crecido de la mano del capital externo, lo cual ha definido lo que somos hoy, productivamente hablando. 

Sin embargo, el crecimiento económico insular, anclado en el capital externo, ha tenido sus limitaciones y costos.  El control externo de las posibilidades reales de nuestra economía -primero bajo España y luego bajo los Estados Unidos- ha sido la constante desde  1493 hasta el presente.  

Es un hecho histórico que el diseño de la estructura productiva local siempre ha estado en manos de intereses del capital externo, y eso ha tenido inmensas consecuencias sobre la sostenibilidad de la economía.  

En momentos en que se intensifica la discusión en torno a la deuda pública y las opciones para atender la actual crisis, algunos estudiosos del tema han traído a la discusión los efectos de la devaluación de la moneda a principios del siglo XX. 

El argumento principal es que los términos de esa devaluación significaron una gran transferencia de riqueza de la isla a Estados Unidos. 

Algunos comparan la actual situación en la cual, ante la prolongada crisis económica, la devaluación de los precios de los activos como los hoteles, centros comerciales, marinas, etc. han creado las condiciones para que fondos de inversiones de Estados Unidos compren a precios descontados la antigua riqueza local. 

De esta tendencia  sostenerse, gran parte de los activos inmuebles y productivos pasarán de manos locales a fondos de inversión ubicados en Wall Street y a otros lugares, esperando que algún día la situación se estabilice y los precios de esos activos mejoren y se materialicen buenas ganancias. El gobierno local parece facilitar ese proceso proveyendo jugosos incentivos bajo el programa de las leyes 20 y 22 de 2012 a inversionistas que se ubiquen en la isla.  

Si bien es cierto que el país necesita atraer inversión nueva, no deja de ser menos cierto que hay que asegurar que los empresarios locales tengan igual acceso a estos incentivos, si es que en efecto se aspira a tener algún día una clase empresarial líder y fuerte. 

La Ley Foraker y la 

devaluación de la moneda 

Con el traspaso de Puerto Rico a los Estados Unidos al finalizar la Guerra Hispanoamericana de 1898, el gobierno norteamericano aprobó en  1900 la Ley Foraker, que creó el marco legal y económico de la nueva relación política entre la metrópolis y el territorio caribeño.  

Bajo este estatuto se crearon los mecanismos para la conversión de la moneda bajo la época del dominio español al dólar, o moneda de los Estados Unidos.  La tasa de intercambio fue de sesenta centavos (.60) por peso (moneda circulante en Puerto Rico) lo cual creó una fuerte devaluación de los activos productivos, llevando a la quiebra a muchos agricultores y empresarios locales.  

Quien mejor analiza este proceso es James Dietz en su libro “Historia Económica de Puerto Rico” (Ediciones Huracán, 1989). 

“La tasa de conversión de 60 centavos, establecida por la Ley Foraker, constituía una devaluación ‘de facto’ del valor de 66 2/3 centavos del peso en aquella época. Sin duda la devaluación facilitó las grandes compras de terrenos de las corporaciones azucareras norteamericanas después de la invasión. El viejo problema de la escasez local de crédito se intensificó con la contracción de oferta de dinero, y coger prestado se hizo más difícil y caro a los pequeños agricultores”, dice Dietz en su escrito. 

Según Dietz, el primer banco estadounidense en la isla fue el “American Colonial Bank” que en  1901 era el segundo más grande en Puerto Rico. 

Las grandes corporaciones azucareras vinieron a establecerse en ese mismo período, desplazando así a los pequeños y medianos agricultores locales, que no tenían igual acceso al crédito y gradualmente fueron perdiendo sus tierras.  

La historia se repite 

Esa devaluación monetaria escasamente estudiada a fondo tuvo grandes implicaciones para lo que fue el desarrollo económico de la isla durante las primeras tres décadas del siglo XX.  A finales del siglo XIX, la emergente clase productiva local se fortalecía lentamente, lo cual hubiera sido una plataforma para un desarrollo anclado en el capital local.  

Durante todo el siglo XX, la economía creció de la mano del capital norteamericano, primero bajo las corporaciones de azúcar, y luego bajo las empresas de manufactura hasta el fin de la Sección 936, en 1996.  La incapacidad de poder crear una clase productiva local durante todo el siglo XX y la dependencia al capital externo, han creado las condiciones para la crisis económica y financiera que hoy nuevamente vive Puerto Rico. 

Hoy enfrentamos una deuda monumental y los activos sufren nuevamente una devaluación que definirá el rostro de lo que será nuestra economía durante el siglo XXI.  

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