Nelson Torres Yordán

Punto de Vista

Por Nelson Torres Yordán
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La dignidad no es dádiva, es obligación

Es fácil vivir la complacencia política desde el gobierno cuando los problemas son apenas simples elementos cotidianos que no alteran la existencia del pueblo. Pero cuando surgen problemas graves, como los que hemos experimentado desde que el aterrador huracán María descalabró a Puerto Rico, podemos observar el desfase del gobierno central, donde sencillamente aflora la ausencia de dignidad, en la atención de las necesidades de los puertorriqueños. 

Lo que pasó con el desamparo de los damnificados de María, correspondió en cierta medida a la irresponsabilidad del presidente Donald Trump de no responder al socorro de un pueblo devastado, más allá de nuestra relación política, por solidaridad y sensibilidad humana. 

De otro lado, pernoctaban cómodamente en el Centro de Convenciones en Miramar, el exgobernador Ricardo Rosselló Nevares, secretarios y asesores, manteniéndose de espaldas al pueblo que agonizaba en las peores condiciones. Sin luz, sin agua, sin alimento, sin vías de transporte, sin comunicación y sin dirección. 

No en balde hubo cerca de 4,000 muertes en diversas circunstancias, datos que aún hoy pretenden encubrir. 

Nos mintió una y otra y otra vez. Reconoció entre sus allegados que hasta los suyos engañaba. Denigró a aquellos que no le hacían coro. Difamó a los que les hicieron frente. Ante tanta injuria, el pueblo se encargó de pasarle factura al levantarse de modo firme hasta que, finalmente, -en un hito histórico- tuvo que abandonar el cargo. 

Terminamos el año 2019 con una advertencia de la naturaleza, sus primeras sacudidas el 28 de diciembre, vaticinaba el terremoto del Día de Reyes y los subsiguientes. Se jamaqueó brutalmente nuestra zona y echó abajo cientos de viviendas, a la vez que sembró el pánico en gran parte de la población que todavía teme dormir bajo techo.  

Guayanilla ha sido epicentro de los remesones que al día de hoy continúan, por lo que desde el principio planteamos las necesidades de nuestra región y la preocupación sobre la manera en que se atendía la emergencia de acuerdo a nuestra experiencia tras el ciclón María.  

Nuestras advertencias fueron validadas este sábado quedando al descubierto que nuevamente el Negociado para el Manejo de Emergencias y Administración de Desastres (NMEAD) volvió a fallarle al pueblo, manteniendo a escondidas almacenes llenos de suministros. 

El problema mayor en este sentido, y nosotros lo podemos decir desde la experiencia propia, es que se quiere ver el socorro al pueblo golpeado como una dádiva. 

Ante la innegable ineptitud y corrupción, no empecé las afirmaciones y gestiones de la gobernadora constitucional, Wanda Vázquez Garced, el pueblo puertorriqueño ha decidido que la solidaridad no se delega y se ha armado de determinación para asistir a los damnificados, rechazando que las agencias del gobierno central sean intermediarias.  

Los funcionarios gubernamentales, tienen que entender que la dignidad de sus puestos exige -como máxima- que la atención a las urgencias del pueblo no es dádiva, es una obligación. Señoras y señores –por amor a Dios y al prójimo- háganlo notar en sus actuaciones; porque indudablemente lo visto hasta ahora es indignante. 


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