Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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La diplomacia colonial

Puerto Rico tiene una larga y frondosa historia recogiendo y enviando ayuda humanitaria a donde haga falta. Tanto lo hemos hecho, que se puede considerar que desarrollamos lo que en toda regla puede llamarse un “expertise”. Surge la necesidad y reaccionamos por instinto: en pocos días abrimos el centro de acopio, la gente se desborda dando, lo empacamos, tomamos la foto que no puede faltar, coordinamos que alguien lo reciba a donde va y ya, hasta la próxima.

Vivimos tiempos tan fragorosos que ya ni eso podemos dar por sentado. Quien quizás nos puede explicar por qué es Luis Rivera Marín, secretario de Estado, llamado por algunos, no siempre con ironía, “el canciller”.

A Rivera Marín el gobernador Ricardo Rosselló lo puso a cargo del recogido de ayuda que es parte de la campaña internacional para ponerle presión a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, no reconocido por buena parte del continente y de Europa, que le considera ilegítimo. Quizás no fue una buena idea. Veamos.

Otros países también recogieron su ayuda, la pusieron en barcos y la enviaron a Cúcuta, la ciudad colombiana en la frontera con Venezuela. Allí hay hoy decenas de camiones con ayuda esperando que se coordine su entrada a Venezuela, cuya crisis es de tal magnitud que hay dos personas reclamando ser presidente, Maduro y el líder de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó.

El gobierno de Maduro bloqueó el puente que une los dos países y la ayuda no puede llevarse.

Algunos de los países que enviaron ayuda tienen cómo intentar hacer entrar esa ayuda a Venezuela en contra de la voluntad de Maduro, si quisieran y no temieran, con razón, que tal acción pudiera desatar un conflicto bélico. Tienen, por ejemplo, fuerza aérea que podría sobrevolar el espacio aéreo venezolano, cuidándose de las defensas antiaéreas y tirar cajas con alimentos y medicinas. Eso si el punto fuera provocar una guerra, que en este momento todavía no lo es. El punto en este momento es tener la ayuda en la frontera y demostrar que Maduro no permite que su pueblo la reciba.

Esas sutilezas no se entienden aquí. No las entienden Rivera Marín ni Rosselló. No se les puede culpar. Puerto Rico es una colonia que nunca ha tenido personalidad internacional. Carece, por lo tanto, de etiqueta diplomática y de la cultura de cómo se manejan relaciones entre países.

Eso fue lo que Rosselló demostró el 2 de octubre del 2018 cuando dijo sobre Venezuela: “Hay un momento para hacer expresiones, pero hay un momento para tomar acción. Estamos en ese punto en que podemos pararnos en un micrófono y hablar de lo que sentimos… se tienen que entender que van a haber acciones contundentes”. Si Puerto Rico fuera soberano, esas expresiones serían casi una declaración de guerra. Habrían causado movimiento de tropas y reuniones del Consejo de Seguridad de la ONU.

Rivera Marín también demostró que no entiende de qué se trata todo esto cuando creyó que el punto de la ayuda era meterla a la cañona enterritorio venezolano. El hombre se entusiasmó el miércoles en una entrevista con CNN y dijo que el avión de Puerto Rico ya había aterrizado en Venezuela. No entiende cuán tremendamente grave es que un gobierno diga que ha violado o va a violar la integridad territorial de otro país. Eso normalmente se considera una agresión. Por cosas así ha habido múltiples guerras.

Rivera Marín dijo que lo hacía en coordinación con Guaidó, reconocido como presidente legítimo por algunos países, incluido Puerto Rico, que en esto (apunten otro absurdo) actúa como nación soberana. Lo que pasa es que Guaidó puede ser tan presidente encargado como lo quieran reconocer. Pero no tiene ningún control del estado venezolano, mucho menos de las fronteras y espacios aéreos.

La noticia de que Puerto Rico había sido el primer país del mundo en lograr entrar ayuda a Venezuela corrió el planeta. Pero duró poco. Se supo pronto que era mentira. No duró ni 24 horas. Nos dejó en ridículo. Se nos cayó a muchos la cara de la vergüenza, sobre todo a los que tenemos amistades en Venezuela, que nos agradecían conmovidos la gesta de la ayuda que resultó inexistente.

Rivera Marín no rectificó. Por el contrario, siguió enredándose. Dijo que no podía divulgar detalles de la ruta del avión porque “se compromete la misión”. Casi cualquier persona sabe que es imposible ocultar la ruta de un avión civil. Se busca en ciertos sitios de internet y se ve de dónde salió, a dónde llegó y cuál fue su ruta. Al rato se sabía que el avión de la misión secreta estaba en Santo Domingo, a la vista de todo el mundo.

Son muy difíciles de entender, por no decir imposibles, las actuaciones de Rivera Marín. Países poderosos recogieron ayuda y la enviaron a Colombia, sin drama. Ninguno ha querido parecer el titán de la llanura actuando por la fuerza y poniendo en riesgo el delicado balance que lucha por mantener la comunidad internacional para tratar de resolver sin sangre la crisis venezolana.

¿Por qué Rivera Marín habría dicho que el avión aterrizó sin ser cierto? ¿Qué le pasa por la mente al principal representante de la diplomacia colonial cuando dice en una estación que se ve en todo el continente que Puerto Rico ha violentado la integridad territorial de otro país?

¿Por qué quiso hacer ver que era una misión secreta, si cualquiera puede averiguar la ruta de un avión civil? ¿Ignoraba él lo obvio? ¿Creerá que los demás lo ignoramos?

No parece que nadie en el gobierno se percató de lo temerarias de las acciones de Rivera Marín, ni cuán reveladoras son sobre lo poco que sabe de sus funciones diplomáticas. No parece incomodar que demostrara que no sabe nada de su trabajo y que haya convertido la sencilla tarea de recaudar ayuda en un fiasco y en un ridículo en la región para Puerto Rico.

El puesto de Rivera Marín no es poca cosa. Es el segundo en la sucesión constitucional. Si algo inhabilitara al gobernador, él queda al mando. Se supone que sea nuestro representante ante el mundo. Por eso lo de canciller. ¿Tanto hemos descendido que ni siquiera pedirle que sepa de su trabajo, y un poco de prudencia cuando sea nuestra voz en el mundo, podemos pedirle? ¿Ya ni con un poco de prudencia podemos conformarnos?

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